El mes de julio está siendo complicado en cuanto a los incendios. Basta con echar un vistazo a la portada y las páginas de apertura de esta edición, así como a varios de los artículos de opinión que completan las páginas de nuestro periódico.

El fuego siempre ha dejado una herida en nuestros pueblos difícil de sanar, aunque pasen los años. Por eso esta semana, mientras la Sierra de Majalinos volvía a arder como lo hizo en 2009, muchos de los vecinos revivieron los fantasmas del pasado intentando apagar el fuego que en su día destrozó el paisaje. Esta vez, afortunadamente, las dimensiones no han llegado a las de entonces, pero, aun así, siguen siendo 1.400 hectáreas las afectadas, con pérdidas que podrían ascender al medio millón de euros.

Y tal y como muchos ejulvinos recordaban estos días lo que ocurrió durante aquellos años, seguramente lo hagan los 266 vecinos de Molinos, La Cañadilla y Cirugeda que esta semana tuvieron que ser desalojados por el avance del fuego.

Ahora ya están en casa y toca recuperar el terreno perdido, pero el fuego no da tregua y, al cierre de esta edición, volvía a hacer saltar todas las alarmas con un nuevo incendio en La Cerrollera que obligó a cerrar carreteras una vez más y causaba, en un primer avance, daños en infraestructuras.

Lo peor de todo este panorama se menciona igualmente en estas mismas páginas. Urge recuperar el cuidado rutinario del monte, que ahora está abandonado y no tarda en arder. Pero, sobre todo, urge sentarse y reforzar las plantillas de bomberos y agentes de Protección Civil, quienes cada año deben alertar sobre su agónica situación, con jornadas que doblan las 24 horas. Es inaceptable que quienes luchan contra las llamas asuman estas condiciones. Por un cambio ya, que no llegue cuando sea demasiado tarde.

Editorial