Empezamos la semana con los ecos del Pilar reciente. Fiesta de fe, de costumbres y tradiciones. El fin del ciclo festivo de verano aunque se celebre en otoño, y la antesala de la última y primera de las celebraciones del año: la Navidad.

Mal que les pese a algunos, nuestros ciclos de celebraciones, los hitos del calendario que sirven para darnos puntos de referencia suelen ser fiestas asociadas a lo religioso. A su vez lo religioso va asociado a las necesidades vitales (y por supuesto mentales y espirituales) del ser humano. Los solsticios y los equinoccios, las estaciones y los cultivos. Las cosechas y con ellas los periodos para saciar el hambre y para sobrevivir.

No es casualidad que celebremos el nacimiento de los personajes clave de las más importantes religiones en fechas próximas al inicio del invierno y el principio del fin de los periodos de oscuridad. No es que nacieran necesariamente en esos días, sino que se trasladó la fecha de su nacimiento a esas hojas del calendario. Si la reina de Inglaterra que nació en abril traslada su cumpleaños a los días de junio previos a la llegada del verano, nada tiene de especial que en estos casos referidos se procediera de la misma manera.

Pero volviendo al 12 de octubre (aprovecho para felicitar a todas las Pilares aunque sea con algo de retraso), aparte de la fiesta religiosa y cultural se conmemora el «descubrimiento» oficial de América hace 527 años y lo que debería ser la unidad y hermandad de todos los pueblos hispanos, que a fin de cuentas, hablamos el mismo idioma y tenemos la misma base cultural.

Otra cosa es que sectores externos se hayan preocupado de agitar y mantener viva la «leyenda negra» que sigue viva en muchas series, películas y producciones documentales anglosajonas, pintando a los españoles como unos fanáticos exterminadores de los pueblos indígenas y omitiendo los múltiples genocidios de ingleses y estadounidenses, principalmente, a lo largo y ancho del mundo y de la historia.

Leía en algún lugar que si se juntase de nuevo bajo una misma batuta todo el territorio que alguna vez fue parte de España estaría entre las tres primeras potencias mundiales, siendo la primera en muchos aspectos. Sin embargo duele ver cómo la unidad la quieren fragmentar desde dentro instigados por los de fuera. Ya se sabe eso de «divide y vencerás».

Es triste cuando no se aprecia lo mucho valioso que poseemos, lo excepcional de lo que nos rodea y quienes nos rodean y terminamos perdiéndolo por dejadez y desidia. Al final lo que quedan son ruinas con paredes derrumbadas, chapas metálicas y árboles y hierbajos que crecen sobre unos solares llenos de plástico y ratas. El Hotel Latorre de Caspe personifica esta descripción, esta metáfora como pocos sitios, aunque ésa es otra historia…

Entre tanto, no queda otra que aprender a ver lo bonito que tiene el otoño, que no es poco. O el «veroño», pues el otoño no ha hecho demasiada aparición todavía. Y que al final las plantas, las hierbas y la naturaleza, la VIDA en definitiva, siempre se acaba abriendo camino.
Feliz semana y a más ver, amigos.

Álvaro Clavero