Puente japonés de Holanda./ Rubén Vidal
Puente japonés de Holanda./ Rubén Vidal

La gran Metrópolis es fascinante ya que atesora sorpresas en cada esquina. Se puede «turistear» durante años descubriendo siempre cosas nuevas. Además es vivaz y las nuevas tendencias hacen viejo lo nuevo en poco tiempo. Cuesta seguirle el pulso. La ciudad en la que vivo a caballo con el Bajo Aragón, tiene muchas comunidades y pueblos que la convierte en una ciudad de ciudades del mundo, entendiendo que cada barrio es poblado por grupos de gente de procedencia muy diversa, pero raramente se mezclan. Como en el mercado de abastos donde un puesto de encurtidos sucede a otro de pollos y otro de verduras. Esto tan atractivo para el turista, resulta menos fascinante para quien la habita, ya que la vida en su día a día disuelve esos fuegos de artificio.

La «burrocracia» es tan impersonal y arbitraria como en Italia, pero vestida de gala. Cada ventanilla es un mundo de colores malavenidos. Cuantas más ventanillas, más opiniones.

La informalidad de mucho trabajador «a Styl kaskalen» es de una cara dura insuperable, ocultándose en la cobardía de echarle la culpa a otro (en ocasiones a ti mismo)

La visita a un centro de salud puede tener grandes y sorprendentes giros dependiendo de donde y quién, ya que cada región del mundo, aborda cada dolencia de forma diferente, y dependiendo del galeno que te toque, el tratamiento y diagnosis pueden diferir tanto, como los continentes que los separan.

…y sus políticos. La «Deutsche Welle» hizo una encuesta sobre la propuesta de hacer un examen al tándem perro-humano para permitir ir sin correa a los perros bien educados. Curiosamente hasta ese momento éstos podían ir sin correa por la calle, ya que se presuponía la madurez y criterio del responsable. Paradójicamente está prohibido dejar a los perros sueltos en los parques públicos. El Burgermeister Wowereit que acuñó la frase « Berlin ist arm, aber sexy» consideró más peligroso que el hermano perro orinase en un macizo de flores a que atravesara a la brava una avenida arterial de la ciudad.

La vida de barrio es sin embargo lo que salva a las grandes urbes. Es el pueblo en la ciudad con la humanidad, las caras conocidas… Pues no! Aún ahí no hay término medio: cara sonriente o cara ladrillo (superando con creces las segundas a la primera)

No hay alguien con un poco de talento que encuentre un punto medio entre ambos polos?
Una vez más, miro hacia casa y veo cuán lejos está.

Rubén Vidal. Caballete de papel