Llegó el 30 de junio de 2020 y la Central Térmica de Andorra cerró sus puertas, tras cuatro décadas siendo uno de los motores más reconocibles del impulso económico del territorio. Ahora queda la preocupación por el futuro, después de más de veinte años de inversiones en fondos de reconversión minera que mejoraron las infraestructuras de la zona, pero no llegaron ni de lejos a sustituir los empleos del boyante sector del carbón de la segunda mitad del siglo XX. Y también queda preguntarnos por qué no disponemos de alternativas en el momento del cierre cuando estaba más que anunciado, por qué el prometido convenio de transición justa no está firmado y por qué las ideas o propuestas planteadas no son en estos momentos concreciones.

Endesa apuesta por el desmantelamiento de la Central y la instalación de renovables para tratar de generar empleo y mantener en parte la mano de obra que se pierde con el cierre del sector del carbón. Otro de los elementos clave son los usos del agua que dependían de la Central (con la problemática de resolver el aumento del coste de los regadíos existentes en el Bajo Guadalope si Endesa se desentiende del canon que pagaba hasta ahora) y las posibilidades de ampliar zonas de regadío en el entorno de Andorra con la elevación de aguas del Ebro o nuevos aprovechamientos de los embalses de cabecera, con la oportunidad de rentabilizar más los cultivos. Y si pensamos en el desarrollo industrial, es el momento de exigir que el Gobierno Central apueste por las zonas afectadas con el cierre del sector del carbón para instalar industria estratégica en materia sanitaria tras la pandemia (respiradores, equipos de protección individual…) y en materia de componentes fundamentales para el coche eléctrico que viene. Eso sí sería una verdadera transición justa.

El camino que nos queda por recorrer está cargado de retos, oportunidades y conflictos. En estos tiempos de incertidumbre social y económica, las opiniones se polarizan, las propuestas se cuestionan con beligerancia y la ordenación de los usos del territoriose encuentra en una encrucijada que debemos resolver entre todos con serenidad y consenso. Las expectativas que nunca se cumplieron y las falsas esperanzas pregonadas nos han hecho incrédulos por naturaleza.Siempre es mejor una sociedad que opine y confronte ideas que una sociedad adormilada y con los brazos caídos, pero en algún momento habrá que pensar en el futuro, buscar acuerdos y tejer alianzas para avanzar, si queremos que el territorio evolucione antes de que la última puerta abierta se cierre con llave.

Estoy siguiendo con interés dos propuestas que se están promoviendo en las sierras orientales de Teruel, así como la reacción de las gentes del territorio frente a ellas. Me estoy refiriendo a los proyectos de instalación de centrales eólicas en zonas del Maestrazgo y el Matarranya, así como a la iniciativa denominada Maestrazgo – Els Ports. Ambas propuestas muestran el interés de la inversión privada foránea en nuestro territorio y generan expectativas de cambio con diferentes enfoques. Tanto una como otra han recibido contestación de varios sectores locales a través de plataformas ciudadanas. Como director general de Ordenación del Territorio me he interesado por conocer la posición de las cuatro partes, los promotores y los contrarios de ambos proyectos, y hasta ahora he podido contactar y reunirme con tres de ellos, con la única excepción de los contrarios a la iniciativa Maestrazgo – Els Ports.

Pienso que es mi deber y mi responsabilidad intentar analizar y explorar lo que se presenta en el territorio como alternativa de desarrollo. Para unos serán amenazas, para otros oportunidades, pero me resulta extraño que el término medio y el diálogo no sea una máxima en estos casos de planificación territorial, tratar de ordenar un territorio tan desordenado no es nada sencillo y todos tenemos que poner de nuestra parte. En lugar de desacreditar y criticar, mi apuesta es la de argumentar y debatir, y juntos y juntas encontrar la manera de seguir construyendo nuestro futuro.

José Manuel Salvador – Director General de Ordenación del Territorio del Gobierno de Aragón.