Inicio de semana marcado por Reyes y por una investidura que si la llega a ver Pinzón se hace el ‘harakiri’. Pinzón, el pájaro que vigila a nuestros niños y niñas y valora si son merecedores de regalos en función de si se han portado bien. Todo el año amenazando con que Pinzón todo lo ve y no hagan trastadas para que ese fin de semana nuestros políticos de las más altas esferas se encarguen de tirarlo todo por tierra. Insultos, interrupciones y abucheos en el Congreso. Vivir para ver y ver para creer. Por suerte esas tensiones y ‘mala baba’ se esfuman al apagar la tele. No representan a esta sociedad; no a la inmensa mayoría. Las redes sociales han estado entretenidas. Primero fue el #BoicotTeruel, campaña de desprestigio que incluso se llevó por delante algunas cuentas. Sin embargo, el boicot les estalló en la cara a los incendiarios convirtiéndose en la mejor campaña para la provincia y cerramos semana con el #YoVoyATeruel inundando las redes del buen rollo que de verdad representa a esta tierra.

Todo esto me ha devuelto a la memoria una historia que contamos en noviembre en La COMARCA. Contamos la presentación de un libro en La Puebla de Híjar, un hecho dentro de lo habitual porque efectivamente -aunque el apartado Cultura ha ocupado cero minutos en los debates políticos- sigue habiendo personas valientes en estos menesteres. Miguel Ganzo es el autor, un madrileño residente en Suecia y además cantautor. Nada tenía que ver con La Puebla y ahí viene lo interesante, en las formas, en la manera en cómo quedó ligado a esta localidad. Fue en un viaje en tren a Francia donde conoció a Antonio Moragriega, un turolense y residente en La Puebla desde hace muchos años. Compartieron asiento y comenzaron a conversar a raíz de un «voy a la cafetería, ¿te traigo algo?» de Antonio a Miguel. Fueron juntos al vagón y se contaron sus vidas. Mantuvieron el contacto, Antonio propuso el libro de Miguel (‘Sesenta metros cuadrados’) para que se leyera en el Club de Lectura de La Puebla y el autor aceptó la invitación del poblano de adopción para acudir a presentarlo al Charif. Los días previos los aprovechó para hacer un viaje y recorrer parte de la provincia con su pareja alemana, su bebé y su guitarra. Enclaves de los que le habló Antonio y que sorprendieron muy gratamente a Ganzo que además pudo hacer trabajo de campo. En su libro habla de Laponia y ya saben que dicen que esta provincia es Laponia española.

Antonio ejerció de embajador, hizo lo que suele hacer esa inmensa mayoría de gente referida con anterioridad. Gente que dialoga, que empatiza y que, además, expresa el amor por su tierra de la manera más natural y noble pensando en agradar y agasajar a la otra persona. Recomendar esta provincia es acierto seguro y un #YoVoyATeruel en bucle.

Beatriz Severino