Muchas teorías políticas defienden que la atribución de responsabilidades y su consecuente rendición de cuentas son requisitos básicos en cualquier democracia. Analizar si los gobiernos han cumplido o no con sus promesas electorales o si podían haber hecho más a partir de las competencias asignadas, son preguntas que la gran mayoría de los ciudadanos nos planteamos de manera más o menos consciente cuando decidimos nuestro voto.

En poco menos de seis meses tendrán lugar las elecciones europeas, autonómicas y locales- quien sabe si también las generales-, y la crisis del carbón va a ser uno de los temas de campaña por excelencia en nuestro territorio. Determinar quién es el culpable en esta cuestión resulta prácticamente imposible. ¿Acaso el gobierno central en su apuesta por unas energías renovables que, a su vez, vienen impuestas desde la esfera europea? ¿el gobierno autonómico o local por no haber sabido anteponerse a lo que era la crónica de una muerte anunciada?

Lo más probable es que todos, incluidos los ciudadanos, seamos responsables, en nuestra medida, de esta situación. Ello no debería ser excusa para evitar crear una Comisión que investigue el uso de fondos destinados a una reconversión de la zona que, como es más que evidente, no se ha llevado a cabo. Y ello no sólo para poder rendir cuentas, sino también para evitar que fallos del pasado vuelvan a cometerse en el futuro.

En estos días, se están escuchando numerosas críticas acerca de la postura que han adoptado los partidos políticos al ir cada uno en una dirección. Muchas voces defienden que deberían presentar un frente común ante este, si me permiten la licencia, tema de «Estado». Y debería ser así, pero no debemos olvidar que la finalidad de cualquier partido político es ganar las elecciones, y ello pasa por responsabilizar al adversario de los fracasos y atribuirse a uno mismo los éxitos.

Es aquí donde el papel de la ciudadanía resulta fundamental, de nosotros depende elevar la categoría del debate público. El cierre de la Central es inminente, y es un golpe duro, pero no hay tiempo para lamentaciones. Debemos reflexionar sobre qué tipo de futuro queremos, cuáles son nuestros objetivos principales como sociedad y cómo queremos alcanzar dichos objetivos. Esta tarea requiere tiempo, precisamente lo que más escasea en estos momentos, pero sólo pensando a largo plazo podremos salvar la situación. Somos los vecinos de estas tierras los que debemos estar unidos en estos momentos, nuestra supervivencia depende de ello.