Si hay un reto en el medio rural, ese es el de devolver a la vida a lo que un día marcó a los pueblos y así conseguir nuevas oportunidades. Con frecuencia podemos observar cómo antiguos espacios como una panadería o un colegio se ven obligados a cerrar sus puertas, bien por falta de relevo, niños o un cambio en las rutinas y modos de vida. Y cuando ocurre, todo cambia.

Ser capaces de recuperarlos no es una tarea fácil. El proceso requiere de implicación por parte de administraciones, pero también vecinos dispuestos a hacerse cargo de ello, encontrando nuevas fórmulas para que funcione.

Recientemente se han podido ver dos de esos casos en el territorio. Uno de ellos en Castelnou, donde se han conseguido recuperar las antiguas escuelas para convertirlas en un centro cultural.

Aquel lugar donde un día convivieron sus vecinos, y que tuvo que cerrar en junio de 1998 por un descenso de niños, se ha convertido ahora en una biblioteca y local de estudio, además de un espacio para exposiciones, charlas y presentaciones.

Su presentación, arropada por la población, ha reunido a quienes en su momento disfrutaron del espacio y ahora podrán crear nuevas historias en él.

Un caso similar a lo que ocurrió también en Calanda, donde la vecina María Félez ha reconvertido una antigua casa en su propio Atelier de moda, un proyecto que dará un servicio a su pueblo y también localidades aledañas.

Que este tipo de iniciativas puedan salir adelante es motivo de celebración para cualquier vecino del Bajo Aragón Histórico.

Historias que también deben ser una motivación para que otros sigan apostando por un territorio que sigue demostrando ser capaz de reinventarse pese a los cambios.

Editorial