No descubrimos nada nuevo por reiterarlo, pero el 2020 no pasará a la historia como un buen año, es más, lo recordaremos como un «annus horribilis» colectivo que se ha cebado con algunas zonas y sectores especialmente débiles.

Hoy Andorra se encuentra de nuevo en fase 2, retrocediendo peldaños en la caprichosa escalera de la recuperación y salida del virus que nunca ha terminado de completarse y que para colmo parece cada vez más difícil.

El relajo generalizado se ha tornado en rebrote de gruesas dimensiones, tampoco podemos decir que nos sorprenda, ni en Andorra ni en ningún lado, puesto que todos hemos sido responsables, unos más y otros menos es cierto, en la desbocada nueva oleada de contagios en la que hemos entrado.

Recuerdo que en el fragor del combate, allá por los meses de marzo o abril, al calor del confinamiento, surgieron no pocas opiniones, entre las que me incluyo, que apelaban por aprovechar el reinicio necesario después de la crisis sanitaria, para transformar nuestro modelo económico.

Reconozco que mi optimismo respecto a que sepamos aprovechar la crisis de alguna manera, es mínimo, pero no por ello desistiré en la idea.

No es cuestión de enfocarlo tratando de decir frases infantiles optimistas, no y mil veces no, esto es mucho más serio y difícil, esto es que después de semejante golpe que nos estamos dando, tendría que ser obligatorio que nos planteásemos un cambio sostenible para mejorar el mundo que estamos creando, el modelo económico, los derechos sociales, la sanidad, en fin, un montón de cosas que sabemos son importantes.

Hoy me viene a la cabeza como consigna una frase de Salvador Allende que lanzó en uno de sus estremecedores discursos «solo vale la pena morir, por todas aquellas cosas sin las cuales no vale la pena vivir» por favor no se interprete literalmente, aunque sí lo fue en el caso de Allende que la ejemplarizó combatiendo hasta el último momento de su vida. Pero es muy importante que después de todo lo que nos pasa, supiéramos hacer las cosas mejor de lo que hemos venido haciendo, con tanta desigualdad, indiferencia ante el dolor, un país tan empobrecido industrialmente etc

Para Andorra, mi pueblo, el deseo lo tengo con el doble de fuerza, pues todos sabemos las circunstancias locales que empeoran aún el panorama después del cierre de la Central. Pero también a veces contemplaba con cierta tristeza, que pareciera estuviéramos en nuestro pueblo mirando a la realidad con indiferencia y en cierto modo estos rebrotes no dejan de ser la consecuencia de la misma, pues hemos llenado con irresponsabilidad bares y terrazas, como si no existiera nada más que hacer en el mundo. Y sí, sí que hay muchas cosas que hacer, hay mucho por lo que luchar y mucho que mejorar y por muy secundario que parezca ahora, lo único que no podemos perder tanto a nivel local como a nivel general es la confianza en que lograremos ese cambio que necesitamos.

Víctor Puch