Será el 2020 el primer año desde tiempos muy remotos, en el que nuestros pueblos se queden sin fiestas, consolémonos pensando que en esta ocasión no es una circunstancia que hayamos elegido nosotros, nada tiene que ver con la guerra civil, que es la última fecha en la que en casi todos los lados se suspendieron las fiestas mayores. Ahora nos quedamos sin fiestas por las circunstancias que todos sabemos.

Mentiría si no dijera que echaré en falta algunas de esas sensaciones que te invaden en tiempo de fiestas, como andorrano en concreto, extrañaré ese aroma entre pólvora y cerveza que atraviesa las calles, los petardos, las ropas de mil colores de las peñas, ensuciarme en el chupinazo entre litros de calimocho y harina, las cenas en la peña, el toro de fuego, las ferias, la carpa, la churrería, los tenderetes, los africanos con sus pilas de sombrero hasta el cielo, carrozas o el visitar otras peñas donde los andorranos sacan a relucir su cara más generosa, dando y repartiendo lo que sea necesario para complacer al visitante, es nuestra idiosincrasia.

Son las fiestas una reunión de amistades y nostalgias, de sonidos o sabores solo propios de esos días, la alegría lo invade todo y por unos días lo que toca es despreocuparse un poco de todo. Y así será en todos lados, supongo que también alcorisanos, albalatinos o alcañizanos, que son los que también les tocaban pronto sus fiestas, se identificaran con mis palabras, pero nos ha tocado vivir en tiempos de pandemia y en el que cada uno debe ser lo más responsable y cívico que se pueda.
Porque tengamos claro que cada uno de nosotros tenemos una cuota muy importante de responsabilidad en lo que pueda pasar, hay que dejar un poquito de lado los parapetos de los gobernantes y medidas indolentes, somos más o menos los dueños de buena parte de la situación y no sería deseable que volviéramos a ocupar primeras planas por episodios vergonzantes como hemos visto en otras partes del territorio nacional.

Habrá quien diga que perderse las fiestas no es para tanto, pero en esta vida llena de sinsabores, tener unos días de algarabía es más importante de lo que pueda parecer, pese a que evidentemente hay y habrá siempre cosas más importantes.

No toca este año, en los tiempos turbios, sombríos y confusos que nos ha tocado vivir, tampoco podremos disfrutar de ese chispazo de luz que por unos días eran las fiestas de nuestros pueblos, pero tampoco es momento de olvidar una premisa que deberíamos tener siempre presente, podemos ser parte activa en el despertar lo más pronto posible de la pesadilla que estamos viviendo todos, pesadilla que nos ha segado el alma a todos y de la que esperamos se convierta lo más rápido posible en un atroz recuerdo del pasado.

Víctor Puch