Es uno de los jinetes del Apocalipsis desde la aparición del hombre y forma parte potencial de nuestra naturaleza, organismos que precisan aportes diarios de energía para poder subsistir. En un mundo de 7.500 millones de seres humanos, hay más de un diez por ciento de congéneres repartidos por 80 países, es decir 821 millones de personas, cuyo nivel calórico ingerido no llega a los mínimos precisos para mantener la salud. Y esto ocurre en un planeta en el que en casi todo occidente y en gran parte de Asia, unos pocos países de África y Oceanía y la mayor parte de las Américas, sus respectivas sociedades sufren enfermedades causadas por el exceso de ingesta de calorías, causan el desperdicio de alimentos (resulta bochornoso conocer las cifras de la comida preparada que va a los contenedores de basuras) y la destrucción de excedentes de productos agrícolas por razones económicas y de control de precios y ganancias. (¿Recuerdan ustedes escenas tan penosas como el lanzamiento a las carreteras de alimentos o productos básicos como protesta por los precios?)
Se produce en el hemisferio rico del planeta, como aseguran los autores del progreso optimista, tipo Steven Pinker, suficiente comida para alimentar sobradamente a todos y cada uno de los seres humanos que hoy viven en la Tierra. La revolución verde, la ingeniería genética -que el ecologismo fanático ha desacreditado en defensa de lo «natural», en una suma de desinformación e intereses económicos- , la capacidad de producir más y mejores alimentos en menos tierra y la mecanización tecnológica de la agricultura producen suficientes excedentes como para erradicar el hambre de nuestro planeta.

El problema está en que otros flagelos impiden que se realice el objetivo básico de evitar el hambre: la insolidaridad internacional, es el primero, seguido de la guerra, las alteraciones causadas por el cambio climático, las migraciones, la falta de infraestructuras, la ignorancia, el racismo y la corrupción política y financiera. Como dijo Pessoa: «Hay tres asesinos de la Humanidad: la ignorancia, el fanatismo y la tiranía»

Alberto Díaz Rueda – LOGOI