La reunión de presidentes autonómicos en Santiago ha constituido sin duda un hito en cuanto a visibilidad y fijación de objetivos comunes, aunque muy lejos de alcanzar todavía algún resultado palpable, es evidente que la España más rural y despoblada al menos se acerca a hacer parte de la agenda política.

Son muchos los problemas comunes de las zonas más despobladas y todos los conocemos, algunos pusieron énfasis en el gasto sanitario, el hospital de Alcañiz es un ejemplo, aparte de la cantidad de personas que atiende, se trata de una población más envejecida que otras zonas con lo que ello supone, la desvertebración del territorio o la dispersión de la población son otros factores comunes. Otros pusieron cierta ponderación, presidentes que parecen algo alejados de los forofismos y exaltaciones que imperan en el Congreso, redes sociales o medios de comunicación. Por cierto, forofismo y terminologías que deben ser muy contagiosas cuando pasas unos días en Madrid a juzgar por lo que escribe algún ilustre alcalde por este mismo medio…

Lo positivo sería, obviamente, que todo eso se traslade en acciones, las declaraciones de intenciones están más vistas que las ayudas arbitrales al Barça o al Madrid, ayudas que por cierto escenifican lo que ha ocurrido desde hace mucho tiempo en España, beneficiar a los territorios más ricos, a los que más se quejan sin razón. Con franquismo, con democracia, con UE o con los de ahora, han tenido un modelo descaradamente escorado a suministrar todo lo necesario a dos frentes, las costas y la capital y revertir eso es tremendamente difícil, más cuando el objetivo es convertirnos en un parque de atracciones para el fin de semana o en un páramo de molinos o placas.

Y realmente será difícil que todo este modelo cambie, incluso aun habiendo saltado a la palestra. España todos sabemos cómo está diseñada, nacionalismos periféricos que tienen la fuerza suficiente como para reclamar y conseguir lo que piden o un centralismo compulsivo y fanatizado que encarna muy bien la señora Ayuso, la supuesta liberal que llora a raudales cuando se enfrenta a propuestas tan lógicas y realistas como la descentralización institucional, no vaya a ser que pierda su territorio alguna de las jugosas nóminas de trabajadores del estado, eso si todo muy liberal claro…

El viejo paradigma de las dos Españas, distanciadas sustancialmente en lo político, ha sido sustituido progresivamente por la España de las dos velocidades. Y nosotros ya sabemos a cuál pertenecemos, por eso seguramente, el único camino siga siendo conseguir estar en la palestra, sin victimizarnos, pero con reivindicaciones lógicas, porque si algo se está viendo con claridad en los últimos años, es que desde esta España se debate con más sosiego y se hacen propuestas más coherentes que los exabruptos que emanan con total naturalidad y que hemos asumido con normalidad desde la Generalitat de Cataluña o los gobiernos madrileños en este enrevesado juego del mundo al revés.

Víctor Puch. Sal en la herida