La historia de un territorio es fruto siempre de un trabajo colectivo de generaciones y generaciones. Una labor en la que suelen sobresalir determinadas personas que, por los éxitos cosechados, por su imponente labor, por su forma de afrontar la realidad o por la visión de la que hacían gala, suelen traspasar el tiempo y perdurar durante décadas en el sentir popular. Uno de ellos era sin duda Santiago Lanzuela.

El terrible coronavirus, que tanto daño está haciendo en nuestro país y que tantas familias está destrozando, lo ha hecho también con nuestro querido Santiago. Una lucha que no pudo vencer en esta ocasión como sí hizo con otras que le sorprendieron en el camino y en las que dio muestra de la gran fortaleza que tan bien percibíamos los que tuvimos la oportunidad de verle y desempeñarse en política. Porque él era el posiblemente el mejor ejemplo de un servidor público en mayúsculas.

Como suele suceder con las grandes personas, nos deja de manera presencial, pero no así en recuerdos, vivencias y sentimientos. La importancia del legado de Santiago Lanzuela para Aragón y para nuestra provincia le hacen digno merecedor de que sea considerado como uno de los turolenses más importantes del período democrático. Porque hoy gran parte de lo que podemos observar en nuestro territorio tienen la firma de este gran cellano.

¿Qué sería de Teruel sin el Fondo de Inversiones? Posiblemente una buena parte de los recursos que generan riqueza y empleo no serían una realidad, como sí lo son Dinópolis o Motorland (La Ciudad del Motor). Los pueblos no habrían tenido importantes partidas económicas para poder acometer actuaciones que mejoraran la calidad de vida de todos los vecinos, las carreteras no dispondrían de una cuantía anual para poder desarrollar actuaciones de mejora y algunos de los proyectos culturales no habrían visto en ningún momento la luz.

No podemos olvidar que hoy tenemos conectadas por autovía las tres capitales de provincia aragonesas porque puso todo su empeño en conseguirlo. No sin dificultades, Santiago Lanzuela pudo dar los primeros pasos para la construcción de una infraestructura que se ha demostrado vital. Ha generado riqueza, ha facilitado los desplazamientos, ha mejorado la seguridad vial y ha convertido la A-23 a su paso por Teruel en una fuente empleo allá por donde está porque ha posibilitado la instauración de empresas en un buen número de localidades.

Las cuencas mineras centrales cuentan en el presente con un tejido industrial que ha paliado en buena medida lo que supuso el cierre de las minas de localidades como Escucha, Utrillas y Montalbán. Ojalá los que ahora tienen que pilotar esa reconversión en Andorra dispusieran de la sensibilidad social, el compromiso y el empeño por garantizar los puestos de trabajo y el futuro de las miles de familias que se van a ver afectadas. Sería una garantía del mejor porvenir.

Como lo es en nuestros días el sector agroalimentario turolense. A nuestra provincia se le conoce fuera de nuestras fronteras porque disponemos de buena parte de los mejores productos del país y la creación de las denominaciones de origen del melocotón o el aceite fueron, sin duda, unos hitos muy importantes para conseguirlo. Un logro que le debemos también a Santiago Lanzuela y a su labor en el Gobierno de Aragón, como también la creación del Instituto Aragonés de Fomento, la Fundación Santa María de Albarracín, el impulso de la nieve en Teruel y Huesca, el carácter estratégico de la logística o la consecución del Plan Urban para Teruel, que supuso un antes y un después para el desarrollo turístico de nuestra capital y para la restauración de una de nuestras señas de identidad: el patrimonio mudéjar. Todo eso y mucho más tienen su impronta.

La lista podría ser muy larga y ocuparía páginas y páginas en los periódicos porque los períodos 89-93 y 95-99 fueron muy prolíficos en nuestra Comunidad. Especialmente este último que consiguió volver a dotar a la política aragonesa de la sensatez, tranquilidad y decencia de la que había adolecido en los años inmediatamente anteriores. Rasgos que hizo extensibles a su labor como parlamentario nacional en el que se convirtió, gracias a sus méritos, en uno de los mejores defensores de nuestra provincia. Allá donde fuera, se comportaba como el mejor de los turolenses.

Su legado aquí queda, para todos los que vivimos en esta provincia tan maravillosa. Él fue capaz de conseguir todo lo citado y mucho más. Ahora las siguientes generaciones tienen la responsabilidad de seguir el camino que él un día comenzó a recorrer e intentar continuar con su ejemplo. El de muchos años con una única preocupación: hacer de Aragón y de Teruel un territorio próspero y lleno de oportunidades.

Joaquín Juste – Carmen Pobo – Manuel Blasco

(Presidentes del Partido Popular de Teruel 2000-2020)