La restauración de la Lonja y la Casa Consistorial de Alcañiz ha impuesto casi veinte meses de grúa, molestias, cambios de recorridos y actos desplazados. La paciencia ciudadana no debe darse nunca por descontada, pero tampoco conviene olvidar qué se está interviniendo. La plaza de España de Alcañiz es uno de los conjuntos arquitectónicos más valiosos del Bajo Aragón. En ella se abrazan la Lonja gótica, el Ayuntamiento renacentista y la presencia monumental de Santa María la Mayor. La Lonja, con sus grandes arcos apuntados, forma conjunto con la Casa Consistorial; el Ayuntamiento, terminado en el siglo XVI, se levantó adosado a ella, componiendo una esquina urbana de extraordinaria personalidad.

Por eso la restauración merece ser valorada, incluso con sus retrasos y sobresaltos económicos. Preservar patrimonio exige tiempo, rigor técnico y capacidad de adaptación, más aún cuando aparecen restos arqueológicos que obligan a replantear accesos, escaleras o ascensores. Asimismo, el museo y centro de desarrollo cultural previstos apuntan a la necesidad de valorar la preservación y difusión del patrimonio como prioridad de desarrollo para la capital bajoaragonesa.

Ahora bien, la recuperación no terminará cuando se retire la grúa. La plaza debe volver a ser centro neurálgico de Alcañiz, lugar de fiesta, paseo, turismo, comercio y convivencia. Y el futuro museo tendrá sentido si ayuda a explicar mejor la ciudad a sus vecinos y visitantes. Restaurar la Lonja es importante; devolverle vida alrededor, imprescindible.

Editorial.