Siento lástima de algunas opiniones que se están vertiendo sobre la sentencia del llamado caso Arandina, donde unos jugadores han sido juzgados por la violación de una menor.

No me da lástima que los juzgados se defiendan con uñas y dientes, pues es su derecho y su deber si se consideran en posesión de la razón. Pero lo que están haciendo determinados sectores de opinión, sí me da lástima. Solo es una muestra del nivel de degradación que hemos ido alcanzando, el nivel de deshumanización al que han llegado los debates.

Hay de nuevo gente adulta a la que se le presupone madurez, cosificando, no solo ya a la víctima en cuestión, sino capaces de hacerlo con cualquier objeto de debate, especialmente si se trata de una mujer, un inmigrante o cualquiera de los sectores más débiles de la sociedad.
Soy el primero que ha dicho que se debe debatir de todo, que todo es matizable. Puse en cuestión por ejemplo muchos puntos del proceso judicial que enfrentaron los miembros de «la manada», de temas que los ideólogos de la all-right dicen que los «políticamente correctos» no tratamos sin diferir de la línea oficial. También defiendo que hay que rebatir y que dejar campar a sus anchas una galaxia de mentiras, solo servirá para afianzar a los que tienen una finalidad oscura y muy peligrosa para la sociedad, valiéndose de ella para sus propios intereses. Cualquier persona medianamente inteligente creo que hoy puede constatar de que ha servido este desprecio y no respuesta a los demagógicos…

Algo muy enfermo hay en esta sociedad, si hay quien en la vida ha movido un dedo para luchar por nada honorable y ahora hasta sale a la calle para defender a tres acusados de violación porque los considera una especie de perseguidos, si hay periodistas también entrados en años que filtran audios privados como si se tratara de la exclusiva del Watergate y encima lo hacen con mala intención, para reforzar un segmento de la población muy cabreada y que se está dejando llevar por sus peores instintos, abandonando cualquier indicio de sensatez en su pensamiento.

Y de una u otra manera hay que frenarlo, no creo que todos estemos tan locos como para que nos parezca normal que tres chicos ya mayores de edad, se encierren con una menor y hagan lo que hicieron y al final se ponga la lupa sobre la chica y se obvie que incluso con o sin consentimiento es un comportamiento amoral. Me siento hasta un conservador diciendo esto, pero basta ya de frivolización y normalización de cualquier práctica a cualquier edad.

Personalmente no me gusta que me llamen carca, pero no entiendo y repruebo este modelo de sociedad y que se deba tolerar todas las opiniones sin pararles un poco los pies, no estoy dispuesto a entrar en esa dinámica, por eso me ha parecido la sentencia de la vergüenza, la sentencia en la que muchas personas han demostrado que dan vergüenza.

Víctor Puch