Septiembre llama a la puerta y, con él, la temida «cuesta de la vuelta al cole». Para las familias, el regreso a las aulas ha dejado de ser un momento de ilusión para convertirse en un auténtico quebradero de cabeza económico. Mientras desde la izquierda se nos vende una supuesta bonanza y un escudo social, la realidad en los hogares es muy distinta: la inflación, la asfixia fiscal y el encarecimiento constante del coste de la vida están golpeando de lleno al pilar fundamental de nuestra sociedad: la familia.

Los datos recientes son demoledores. En Aragón, el gasto mínimo para iniciar este curso escolar supera los 700 euros. A nivel nacional, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) acaba de advertir que el gasto escolar anual medio rozará los 2.500 euros por hijo. ¿Cómo pueden algunos políticos afirmar que defienden a los trabajadores cuando llenar una simple mochila escolar se ha convertido en una odisea?

Esta escalada de precios esconde una amenaza aún mayor: el ataque sistemático a la libertad de los padres para elegir el modelo educativo de sus hijos. La escuela concertada no es un capricho de élites, como el sectarismo nos quiere hacer creer. Al contrario, es un modelo amparado por el Artículo 27 de nuestra Constitución, que permite que los hijos de las familias más humildes puedan seguir formándose. Sin embargo, la izquierda prefiere castigar a estas familias, negándolas de oportunidades y obligándoles así a asumir un esfuerzo económico que, para muchas familias, resulta inasumible. Es una trampa perversa: te fríen a impuestos, no financian el colegio que deseas para tus hijos y luego te señalan por intentar ejercer tu derecho a la libertad.

Desde nuestro grupo parlamentario en las Cortes de Aragón lo tenemos claro: el dinero de los aragoneses debe estar en el bolsillo de las familias, no financiando chiringuitos ideológicos ni el despilfarro político. Defender a la familia implica garantizar que la educación no sea una carga insostenible y, sobre todo, asegurar que el Estado no actúe como un intruso en la crianza de nuestros hijos.

Aroha Rochela. Vox / Andorra