La crisis económica provocada por la pandemia se está cebando menos con algunos territorios rurales, donde su estructura está siendo menos azotada por la recesión ligada al covid-19. Así lo aseguraba ayer el catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Zaragoza, Marcos Sanso, en la presentación del informe económico anual de la provincia de Teruel, de la mano de la Cámara de Comercio e Ibercaja. Sectores como el agrícola, la logística y el agroalimentario soportan mejor las dificultades. Unido a ellos, el turismo centrado el visitante nacional, ha capeado mejor la crisis. Además, los territorios despoblados se han posicionado como lugares seguros, con parajes al aire libre y no masificados. En el caso del Bajo Aragón, Motorland ha mantenido buena parte de la ocupación hotelera en el último trimestre, amortiguando una situación que sigue siendo muy difícil. Los expertos creen que la depresión «no será tan negativa» ni prolongada en zonas rurales como la nuestra, ni tan acusada como en el conjunto aragonés o nacional. Como dato revelador, el catedrático expuso que la afiliación a la Seguridad Social descendió en la provincia de Teruel de enero a septiembre de 2020 en un 1,3% frente al 2,7% de Aragón. En nueve sectores la afiliación provincial creció frente a solo tres en el conjunto aragonés. Teruel fue la primera provincia del país donde más crecieron las exportaciones el año pasado, se ha doblegado la recesión demográfica y se ha empadronado gente en muchos pueblos.
Se trata de una de las primeras informaciones de análisis que arrojan algo de certidumbre y estabilidad. Esto, unido a la inminente aprobación de los presupuestos regionales, las inyecciones económicas previstas por instituciones como la DPT o diversos ayuntamientos en sus municipios, arrojan algo de luz. Sin embargo, no hay que olvidar la enorme fragilidad de sectores como el de los autónomos y el pequeño comercio o la hostelería, con importantes problemas de liquidez. En este sentido, urgen campañas potentes de concienciación que contribuyan a realizar de forma voluntaria «confinamientos perimetrales» a favor del consumo en el comercio de proximidad en nuestros pueblos. Evitar que sus persianas bajen o, en el caso de las que han bajado ya, puedan levantarse de nuevo es clave para la reactivación económica y, sobre todo, para la propia supervivencia del territorio. El cierre de cualquier empresa en el medio rural tiene unas connotaciones sociales y demográficas muy distintas a las de una gran ciudad donde cada día se abren y cierran negocios. La labor para lograr la implantación y el arraigo de la economía territorial es importantísima. Que el covid no consiga borrarla es deber de todos, y contamos con perspectivas positivas en las que parte de nuestra economía sigue fuerte y puede ser un apoyo fundamental para la subsistencia del resto.

Editorial