Lo ocurrido con las obras de humanización, travesías de Alcañiz y descontrol generalizado es más que un simple problema técnico o una incidencia en una actuación compleja. Es la consecuencia de un descontrol generalizado que se ha ido acumulando durante meses a la vista de todos. Una obra pública de esta dimensión, en pleno casco urbano y sobre puntos especialmente sensibles para la seguridad, no puede acabar convertida en un catálogo de tuberías rajadas, lodo, pendientes insuficientes, arquetas deficientes y riesgo eléctrico.

La situación, además, era previsible, retrasos y sobrecostes. Lo era porque las obras comenzaron en septiembre de 2023 con una duración prevista de 18 meses y han encadenado retrasos, prórrogas y sobrecostes. Lo era porque las molestias, las quejas y las dudas sobre la ejecución no han aparecido de repente. Y lo era porque cuando una intervención se eterniza y se modifica sobre la marcha, la obligación de quien la dirige es reforzar el control, no esperar a que los informes certifiquen el desastre. Las quejas vecinales y comentarios fueron constantes durante los trabajos.

El Ministerio de Transportes, explicaciones y responsabilidades debe dar explicaciones claras y asumir responsabilidades. No basta con escudarse en instalaciones antiguas o en la complejidad de los trabajos. Precisamente por eso hacía falta una supervisión rigurosa. Si una obra se proyecta, dirige y ejecuta desde una administración, esa administración debe responder por el resultado final.

El Ayuntamiento, recepcionar las infraestructuras y mala ejecución acierta al negarse a recepcionar las infraestructuras en estas condiciones. Aceptarlas sería trasladar a los vecinos una carga que no les corresponde. Primero soportaron las afecciones de una obra interminable y ahora podrían pagar las reparaciones de una mala ejecución. Sería una doble factura injusta.

La humanización, transparencia y garantías técnicas debía mejorar la ciudad, coser espacios y resolver problemas históricos. Pero una buena idea mal ejecutada puede convertirse en un problema mayor. Por eso este caso exige transparencia, reparación completa y garantías técnicas. Lo grave no es solo que haya fallos, sino que parecían anunciados y nadie los frenó a tiempo. La ciudad merece respeto, rigor y una respuesta a la altura del daño causado, sin más demoras.

Editorial.