En un momento tan triste, todavía aturdido, por el fallecimiento de Enrique.

Se agolpan tantos sentimientos en mi cabeza, que no creo que sepa expresar con palabras.

Enrique, «El Bola» que como tal, nos arrastraste a tu lado con tu personalidad. Como la bola en la nieve, al caer por la pendiente.

Apareciste en nuestras vidas tranquila y pacíficamente, y de la amistad pasaste a formar parte de nuestras vidas y familia, y nosotros de la tuya.

Enrique era muy fuerte de convicciones. Era una persona que vivió según era él. Generoso, amigo de sus amigos, sin dobleces, transparente, familiar, muy familiar, y sobre todo de espíritu libre, muy libre, y así vivió.

Dándolo todo por los demás, dejabas lo tuyo para trabajar por tantas y tantas causas y asociaciones. No te negabas a nada ni a nadie, estabas siempre dispuesto para ayudar a todo el mundo, siempre con una sonrisa.

En la despedida, tu hermana, ya expresó con la emoción y sentimiento, que nos puso a todos las lágrimas en nuestras mejillas. Has sido buen hijo, hermano, tío, cuñado y amigo, y después de lo que pasasteis con tu enfermedad, y ahora ya recuperado, nos toca vivir tu adiós definitivo, por un fatídico accidente. Después de esta despedida, pocas cosas podemos añadir.

El encontrarse contigo Enrique, era pasar un rato agradable, siempre sonriente, afable, cariñoso, honesto, generoso.

Hemos sido privilegiados por haber compartido una parte de tu vida.

Solo un reproche ¿Por qué te vas tan pronto, y no nos dejas disfrutar unos años más de tu cariño y amistad?

Sé que no te olvidaremos. Te recordaremos tanto, que serás un referente, no solo en La Codoñera (que ya lo eras) si no en muchos pueblos y lugares que compartieron contigo una parte de sus vidas.

Quiero decirte en esta despedida que, donde estés. Te queremos, descansa en paz.

Pedro Luis Lamiel Ceperuelo – Castelserás