Hay excepciones, nadie lo niega. Pero preocupa, incluso alarma, la problemática que los niños y adolescentes de ambos sexos respondones, desobedientes, desorientados, agresivos, indiferentes o pasivos, víctimas de acoso o acosadores, han logrado crear. Existe un estado de opinión pesimista entre profesores, alumnado, psicólogos, familias… lo cual demuestra que no se trata de un fenómeno aislado o circunscrito a determinados barrios o clases sociales, sino de una auténtica pandemia educacional negativa que ha ido progresando en los últimos años. ¿Responsables? Todos los elementos que definen el problema: la defectuosa educación subliminal de los medios y las redes sociales, las conductas familiares autoritarias, indulgentes o ausentes; el sistema educativo tolerante o sobrepasado y, por supuesto, los niños y adolescentes de ambos sexos que causan y sufren su propia desorientación y aceptan las sugerencias fáciles y adictivas de las emociones sin control: desde la sexual –desgraciadamente cada vez más temprana- a la violencia o el autismo conductual por rebeldía o por temor. Y la general falta de tolerancia a la frustración.

Hay una impotencia generalizada entre los padres, los profesores, las autoridades educativas y la sociedad. Cada uno mira a su alrededor para ver a quién hace responsables. Y los chicos siguen como pueden entre el estrépito, la furia, la inoperancia, el desencanto y el temor.Estamos hablando de cerebros y cuerpos en formación y crecimiento. La maduración cerebral del niño/a se alarga hasta más de los veinte años. La pregunta podría ser: ¿qué porcentaje de incidencia en ellos tiene el aprendizaje vicario: el que proviene de la observación que los niños hacen de las conductas emocionales de los adultos que les rodean y afectan: padres, profesores, hermanos mayores, amigos …más las que ven indiscriminadamente en sus móviles, la televisión o la calle?

Este es un problema que atañe a la educación de los padres y familias, a la sociedad, a las autoridades educativas y políticas, a los medios de comunicación…nos atañe a todos. Y se nos escapa de las manos. Es preciso implementar un auténtico programa nacional de educación global, sin filtraciones religiosas ni políticas. Diseñar un conjunto de límites conductuales, razonable, científico y basado en el sentido común y los valores sociales de solidaridad, cortesía y respeto. Y hacerlo respetar, no con el autoritarismo del «lo digo yo y basta», sino con la serena y paciente autoridad que emana de la inteligencia, el decoro y…el ejemplo. Eduquémonos todos en lo correcto, para así poder mostrar a nuestros hijos los caminos de la vida óptima. La cual no depende del dinero, la ambición o la vanidad (valores endiosados en las redes sociales) sino del trabajo honesto y serio, la solidaridad humana y ….por supuesto el pensamiento crítico hacia las «zanahorias» que nos ofrece el sistema para que sigamos el cansino camino circular sin fin del asno en la noria del capitalismo salvaje en el que sobrevivimos.

Alberto Díaz Rueda. LOGOI