Esta semana, después de 30 años, he vuelto a mi último colegio. En 1993 cerraron la escuela de Bueña, porque no había niños suficientes para mantenerla abierta, y nuestros padres tenían que decidir si nos llevaban toda la semana a la Escuela Hogar a Teruel o al colegio de Monreal yendo y viniendo en coche cada día. Entonces no había servicio de taxi o autobús escolar y, sólo si los padres aceptaban cobrar el coste del kilometraje, existía esa posibilidad, lo que ya era bastante sacrificio para unos padres que quieren tener a sus hijos en casa, y no mudarse a otra localidad o tenerlos toda semana fuera a tan corta edad.

En aquel momento, donde no éramos conscientes de que ya estábamos viviendo un problema de despoblación gravísimo, muchos eran los que decidían mudarse con su familia al «pueblo grande» para tener a sus hijos en casa durante la etapa escolar. Nosotros nos quedamos en el «pueblo pequeño» y siempre he sentido que fuimos afortunados porque nuestra madre tuviera carnet y disponibilidad para llevarnos al colegio. No solo hizo esa elección mi familia, sino muchas otras de Pozuel del Campo o Bañón. Al cabo de tres años, el Gobierno de Aragón puso en marcha el transporte escolar, respondiendo a una necesidad indispensable.

A estas alturas, pensaba que era un tema ya asumido por parte de las instituciones para garantizar el acceso de los niños de nuestros pueblos a una educación pública, pero vemos casos que nos demuestran que no es así. El año pasado una familia se marchó de Gallocanta por no tener transporte al instituto de Secundaria más cercano para su hija; hace unos meses una familia en Rubiales tenía que solicitar expresamente que el autobús recogiera a sus hijos; esta última semana hemos vivido la falta de disponibilidad de rutas escolares en Gúdar-Javalambre o el Bajo Aragón, donde les han propuesto esa opción de que los padres sean quienes lleven a sus hijos al colegio pagándoles el kilometraje. Lamentablemente, parece que no hemos superado la idea de ser una sociedad de segunda, porque la carencia de un transporte público decente sigue latente y nos obliga a disponer de nuestro coche particular y del tiempo y disponibilidad necesarias para un servicio esencial (afortunado quien tiene carnet de conducir y vehículo en nuestra provincia, porque quien no se queda fuera del sistema)

En mi caso, 30 años después y ahora en el papel de madre, el servicio de transporte escolar sigue funcionando y mi hijo podrá utilizarlo para ir al colegio de Monreal desde Bueña. Espero y ruego que realmente el Gobierno de Aragón sea consciente de cómo transcurre la vida en los pueblos, y de la obligatoriedad que tienen de ofrecer el servicio garantizar el acceso a la educación de quienes son el futuro de la provincia. Celebraré cuando en los próximos días anuncien que los problemas de transporte escolar se han solucionado, pero exigiremos que, gobierne quien gobierne, sea OBLIGATORIO y PRIORITARIO tener las rutas de transporte listas antes del inicio del curso escolar.

Cuando mi hijo me ha preguntado estos días: «mamá, ¿con quién voy al cole?», le he respondido «con Diego y Pepe, los taxistas que me llevaron a mí». Por ello, tanto a ellos como a todos los encargados del transporte escolar de la provincia de Teruel, ¡Gracias por ofrecer un servicio cercano, gracias por implicaros con el territorio, gracias por llevar a nuestros hijos e hijas!

Beatriz Martín. Teruel Existe. Vicepresidenta de la DPT