Si se cumplen las previsiones, hoy en España habrá Gobierno. Pedro Sánchez se convertirá, con el apoyo de Unidas Podemos, y de hasta once formaciones -incluido Teruel Existe-, en presidente del país. El pleno de investidura este fin de semana ha centrado el debate político. Un debate duro, cargado de reproches y graves insultos que ponen en evidencia la capacidad de nuestros políticos de garantizar la gobernabilidad durante los próximos cuatro años.

Graves también han sido las presiones y el acoso a los que está siendo sometido el diputado turolense Tomás Guitarte, a quien han llamado «traidor» y «separatista» convirtiéndole en el blanco de pintadas y también en el receptor de las críticas de diputados de otros partidos. Aunque los reproches van con el cargo, son absolutamente reprobables los actos delictivos que se están investigando en su propio pueblo.

Pese a todo, para el territorio desbloquear la situación política que ha vivido España en el último año era fundamental. Al fin podrán liberarse los fondos de la minería pendientes del periodo 2013-2018 -de los que dependen algunos proyectos estratégicos como la ampliación del balneario de Ariño, el centro de Atadi de Alcorisa y el parque de tiro y aventura de Estercuel – y se podrán retomar infraestructuras como la A-68. Asimismo, el plan de transición justa podrá contar con financiación real y la despoblación -tal y como defiende el acuerdo de PSOE y Teruel Existe- pasará a ser asunto de Estado. No obstante, que todos estos pasos se den dependerá de la voluntad política del nuevo gobierno. Esa voluntad política es lo que cabe exigir desde el territorio a nuestros representantes, que han de atender las reivindicaciones de sus votantes y priorizarlas. Es lo que pidieron en las urnas las miles de personas que llevaron a Teruel Existe al Congreso y al Senado el pasado mes de noviembre y es lo que esperan todos los turolenses, también los que votaron al PSOE, al PP, a Ciudadanos o a Unidas Podemos.

Nuestros diputados y senadores tienen así una ardua tarea en Madrid en un momento clave en el que el Bajo Aragón Histórico ha de reconvertir su actividad económica e industrial para no caer en la más profunda crisis. El cierre de la Central Térmica de Andorra es inminente y todavía se está muy lejos de cubrir la totalidad de la pérdida de empleo que está generando el cese de su actividad. Si de verdad nuestros representantes políticos quieren que «nadie se quede atrás» en este proceso tendrán que demostrarlo con más hechos y menos palabras.

Editorial