El sello de calidad de la Ruta del Tambor y Bombo se ha dejado notar estos días en las reservas hoteleras. Las inestables previsiones meteorológicas que dejaban abierta la posibilidad de lluvias puntuales en prácticamente todas las zonas no han afectado a la ocupación. La climatología ha reducido hasta el 85% las reservas en Aragón pero en el Bajo Aragón Histórico, aunque alguna se ha producido, no han sido notables y la ocupación ha seguido siendo del 100% en prácticamente todo el territorio salvo casos muy puntuales. Han llegado visitantes de los destinos habituales, Comunidad Valenciana, Cataluña y Madrid y también han aumentado los viajes desde Madrid y también una zona con gran tradición en estas fechas como Andalucía. Los turistas prefirieron arriesgarse a encontrarse con alguna tormenta antes que a perderse las múltiples opciones que ofrecen los nueve pueblos de la Ruta del Tambor y Bombo que optar a última hora por otra propuesta dependiendo de lo que pronostican las webs de meteorología.

Los datos de ocupación rozan el lleno en unos días en los que el territorio no puede dar más de sí y que sirven también para mostrar y poner en valor las múltiples opciones que ofrece la zona más allá de las principales localidades. La demanda es mucho mayor que la oferta en Semana Santa por lo que son muchos que se quedan sin poder visitar nuestros pueblos o que si lo hacen es de pasada porque no encuentran cama o, simplemente, mesa en un bar en el que comer un menú al mediodía. También sirve para que los turistas abran las miras de las reservas más allá de las localidades más punteras optando por buscar en pueblos cercanos. Son la hostelería y las casas rurales de los pequeños municipios los que ayudan a aminorar la necesidad de camas y mesas en estos días pero que en el resto del año se ve más afectada por la falta de clientes. Es por ello que en las convocatorias públicas se debería mimar especialmente a estos pequeños negocios que realizan una gran labor de servicio público sirviendo de lugar de encuentro social en los pequeños pueblos y que en días como estos ayudan a minimizar la falta de oferta. Una labor muchas veces no reconocida en quien está detrás de la barra muchas horas porque los pocos cafés del invierno no dan para un segundo jornal pero también para los consistorios que los sostienen. En muchos pueblos las licitaciones de los bares se ocupan gracias a que son los ayuntamientos los que asumen los gastos del negocio y ofrecen casa gratis sin ningún apoyo institucional más allá de las propias arcas municipales.

Editorial.