El covid-19 sigue entre nosotros como hace dos meses y es igual de letal. La OMS está registrando los picos máximos de contagio a nivel mundial y en nuestro país, más de 200.000 en un solo día. Los expertos no logran ponerse de acuerdo respecto a la vacuna. 1300 científicos se han reunido en Ginebra sin éxito y aseguran que ninguna de las 17 investigaciones en curso se encuentra avanzada. Al tiempo, se afianza la certeza de que el virus podría transmitirse por el aire y contagiar de forma más seria de la que advierte la OMS, sobre todo en lugares cerrados, por lo que cientos de científicos están pidiendo cambio de protocolos, distancias y usos de mascarillas. En nuestro entorno, se ha comprobado una enorme responsabilidad individual en los pueblos pero se está fallando con los colectivos más vulnerables, especialmente con los trabajadores del campo migrantes. Pese a que las empresas especializadas del sector desde abril ya pidieron controles, ayudas y medidas; y en zonas como Caspe y comarca se establecieron protocolos con gran previsión, no ha sido suficiente. La situación es mucho más grave en el Segria, comarca colindante confinada de forma seria. La rapidez de contagios es preocupante y, dada la movilidad interterritorial de nuestros pueblos, conviene estar alerta y reforzar la prevención. Son inadmisibles las imágenes de locales de ocio nocturno y otros espacios llenos de jóvenes sin mascarilla y sin guardar la distancia de seguridad. Su sensación de protección frente al virus es falsa y conviene una reflexión seria para evitar el crecimiento de brotes. En varios municipios ha habido quejas al respecto. Si bien la responsabilidad individual es la única forma de contener el virus, en su defecto, las fuerzas de seguridad deberían estar más vigilantes para evitar este tipo de conductas y las administraciones locales iniciar urgentes campañas de sensibilización.

Editorial