Todavía no me puedo creer que el Ministerio del interior condecore a la Guardia Civil por su nefasta y vergonzosa actuación en diciembre de 2017 para capturar a Igor El Ruso. Es algo que no me cabe en la cabeza por muchas vueltas que le doy. Los que estuvimos trabajando aquella trágica semana podemos demostrar con imágenes y fotografías el ridículo e inexistente despliegue que se puso en marcha después de que Manuel Andreu y Manuel Marcuello fueran trasladados desde el cuartel de la Guardia Civil de Albalate hasta el Hospital de Alcañiz.

Hacía frío en la ribera del Martín a las nueve de la noche el 5 de diciembre cuando llegamos a la puerta del quiosco y un niño nos contó lo que había pasado. Lo hizo en la calle, frente a un coche de la Guardia Civil aparcado. Otro vehículo, también de la benemérita, iba y venía hacia el masico en el que se produjeron los intentos de homicidio. Recorrí en el coche los cerca de 40 kilómetros que unen Albalate y Alcañiz para regresar a redacción y no me encontré ni un solo control. Mi compañero, que se fue directo a Alcorisa, tampoco. Al día siguiente, en el masico había algún coche más y agentes de la judicial que recopilaron material, casquillos, pólvora… indicios que no fueron enviados a analizar hasta que no se produjeron los asesinatos, ocho días después. Era el puente de la Constitución.

Los días posteriores al tiroteo, del 5 al 14, el servicio de comunicación de Guardia Civil se negaba a darnos información. Había un helicóptero que pocos vieron y el mensaje de la oficina de prensa era contundente y reiterado: dar información a los periodistas perjudicaba gravemente al operativo de búsqueda del delincuente. Y los periodistas, como todos los que vivimos por aquí, lo que queríamos era que lo encontraran. Durante esos días, muchos vecinos nos contaron que ese asesino había entrado en sus huertas, en sus masicos e incluso en sus casas y gracias a sus testimonios pudimos contar a la gente parte de lo que estaba sucediendo. Sólo parte.
El desenlace, ya lo conocemos todos. Tres vidas inocentes; entre ellas la de un civil a quien pidieron ayuda para seguir los pasos de una persona capaz de disparar a matar.

No hubo medios, ni chalecos, ni helicópteros, ni personal suficiente ni nada de nada. El dispositivo real comenzó pasadas las doce de la noche del 14 de diciembre en Andorra, cuando comenzaron a llegar rodeando las rotondas equipos especializados, armados y preparados para emprender una búsqueda en condiciones. En cuatro horas, Igor el Ruso fue capturado.

Vivimos con impotencia y mucho dolor que el delegado del Gobierno en Aragón, Gustavo Alcalde, y el Subdelegado en Teruel, José María Valero, se marcharan de rositas de sus cargos. Volvimos a llorar de rabia cuando el capitán de la comandancia en aquel momento, Horacio Requena, se trasladó a Jaén. Hoy, todavía no entendemos por qué los actuales responsables políticos no dan explicaciones. Pero lo de las condecoraciones; esto es la gota que colma el vaso. Porque el Ministerio sólo demuestra con esas medallas que se está riendo de las víctimas, de sus familiares y de todos los amigos y vecinos que denunciamos entonces la falta de seguridad y el olvido de nuestro insustituible medio rural.

María Quílez