Soy un médico con 47 años de ejercicio profesional en Atención Primaria y en Cuidados Intensivos. Hace unos días he sido dado de alta del Hospital Obispo Polanco de Teruel a causa del contagio por el coronavirus. Manifestar mi profundo agradecimiento a todo el personal sanitario y no sanitario del hospital por su cariño, dedicación, profesionalidad y entereza; es lo mejor que tenemos de la sanidad pública. Ellos sí que son conscientes de los riesgos que asumen. Más de 64.000 profesionales contagiados desde el inicio de la pandemia, el mayor porcentaje de Europa. Desgraciadamente sienten falta de apoyo que puede acabar con su motivación.

Durante mi estancia en una habitación de aislamiento, he sentido una gran preocupación, tristeza y vergüenza de cómo esta maldita pandemia está siendo utilizada como arma arrojadiza por distintas formaciones políticas con descalificaciones, reproches, insultos, amenazas (incluso judicializándola) y este comportamiento determina en los ciudadanos confusión, desconfianza, crispación y aumento de su miedo. Saramago en su ‘Ensayo sobre la ceguera’ narra que «en una epidemia no hay culpables, todos somos víctimas». Los médicos estamos en condiciones de opinar sobre las enfermedades (once años de formación nos avalan) y a veces sabemos poco de ellas, pero el resto nada o casi nada.

Para estos políticos «opinadores», que hacen política a costa de la pandemia les daría una recomendación: que elijan un amplio terreno lejos de cualquier zona habitada y al amanecer de un día prefijado y cada uno de ellos acompañado de una persona de su total confianza, resuelvan sus diferencias (al parecer irreconciliables) en ese Campo de Honor.

Los ciudadanos españoles demasiado tenemos con soportar esta pandemia que está condicionando una gravísima crisis humanitaria, económica y social.

Manuel Gimeno Romero – TERUEL