El acto celebrado ayer en Alcañiz en homenaje a los 40 años de ayuntamientos democráticos y el 900 aniversario de la fundación de la ciudad debe ser el espejo en el que se miren partidos políticos y municipios de nuestro entorno. En un momento de verdaderas dificultades políticas, en el que los consensos son imposibles y la desafección ciudadana parece irreversible, es fundamental trabajar en esta dirección. El ayuntamiento alcañizano sitúa el foco así en una realidad, la de la política local, que cumple una función de servicio público de cercanía fundamental y que debería dejar fuera la división. En territorios tan pequeños y de escasa voz como el nuestro, la unidad es clave para lograr el desarrollo de proyectos que son comunes a todos. Que el ayuntamiento actual, encabezado por su alcalde, Ignacio Urquizu, haya querido reunir a decenas de concejales y alcaldes de la ciudad al margen de ideologías y enfrentamientos pasados, porque los hubo y muy importantes, es una manifiesta forma de hacer entender que existe una voluntad clara de trabajar de otra manera que saque a Alcañiz del aislamiento al que se ha visto sometida la ciudad desde hace décadas. La división interna de los partidos, la falta de unidad de los concejales a la hora de reclamar infraestructuras básicas, ha ralentizado sin duda alguna el desarrollo de la localidad, tanto a nivel de servicios (careciendo de residencia de mayores pública, autovía o un Hospital con Uci) como de desarrollo turístico ejerciendo de verdadera capital. Hubo más de uno ayer que recordó con añoranza los mejores tiempos del alcalde José María Pascual, en los que la tan nombrada Concordia permitía a concejales de diferente color compartir viajes a Zaragoza o Madrid para influir y lograr inversiones para la localidad. La experiencia y la voluntad de trabajo de los responsables políticos locales que gobiernan en nuestros municipios es un valor que no debería perderse una vez abandonan la vida pública. Reconocer que una enorme cantidad de ciudadanos se prestan a trabajar por la mejora de sus localidades con la gran exposición social y responsabilidad que conlleva es muy necesario. Conviene no solo aplaudirlo, sino seguir allanando todos los caminos posibles hacia la colaboración institucional conjunta haciendo de Alcañiz la verdadera ciudad de la Concordia, poniendo en valor su indiscutible personalidad, patrimonio, historia y capital social. Esta unidad no solo debe trasladarse al ámbito de la política, sino también al de los agentes sociales (empresarios, asociaciones, sindicatos…) porque solo construyendo espacios en los que podamos encontrar lo que nos es común seremos capaces de avanzar de forma rápida y sólida hacia el progreso.

Editorial