Hace un tiempo, mientras tenía la televisión encendida de fondo, comencé a escuchar una noticia sobre la enorme cantidad de basura espacial que había orbitando alrededor de la Tierra -la mayoría se debe a satélites que han quedado obsoletos, partes de cohetes o, incluso, polvo y pequeñas partículas-. Esta basura, a pesar de su pequeño tamaño, llega a alcanzar velocidades vertiginosas que pueden poner en peligro misiones espaciales y chocar con satélites o cohetes. En concreto, comparaban esta situación con la película protagonizaba por Sandra Bullock, ‘Gravity’, donde la actriz, reencarnada en una astronauta, debido a una lluvia de desperdicios de este tipo, queda abandonada a su suerte en mitad del espacio exterior. Recuerdo pensar: «¡ya dejamos basura hasta fuera de nuestro planeta!». Aunque si solo fuera ahí…

Nuestros océanos y mares están llenos de plástico. Hemos destruido numerosos corales a lo largo y ancho de nuestros mares, con el impacto que en otras especies de la vida marina supone. Algunos de estos animales se han adaptado a la basura, conformando nuevos estilos de vida. Un ejemplo son los cangrejos ermitaños que utilizan tapones de botella como caparazón. No obstante, no deja de ser peligroso incluso para nosotros, ya que numerosos peces tragan microplásticos y luego ellos van a parar a nuestro plato.

A principios de este año, se viralizó una campaña por redes sociales a favor de la limpieza del medio ambiente y de las playas. Fue bautizada como #TrashtagChallenge (‘El desafío de la basura’, en español). Con esta iniciativa, las redes comenzaron a llenarse de fotos con bolsas atestadas de basura que unos voluntarios habían ido recogiendo en pocos minutos. También, este verano y gracias a un grupo de jóvenes franceses, se viralizó otra campaña que consistía en recoger las colillas que la gente tiraba, meterlas en botellas grandes de plástico y subir una fotografía de éstas a las redes sociales. Fue un gesto que mostró, además de un incremento de la concienciación por el medio ambiente que empieza a haber, sobre todo en la gente más joven, el gran desperdicio que genera el ser humano.

Pero no caigamos en el pesimismo, la gran huelga mundial por el cambio climático que tuvo lugar el 27 de septiembre demostró que hay gente dispuesta a cambiar sus hábitos para vivir en un mundo mejor. Todavía no es tarde. Como dice el eslogan: «no tenemos un planeta B».

Eva Bielsa