Creo que en el momento de analizar las cosas acabamos aplicando patrones de análisis demasiado simples o anticuados. Nos guiamos por lo que conocemos hasta entonces, y no hacemos entrar en nuestro aparato crítico nuevas premisas.

Muchos hemos estado la noche del día 2 al 3 de noviembre pegados al televisor viendo el desarrollo de las Elecciones Presidenciales USA.

Poco habremos sacado en limpio, pues el complicado sistema electoral, la lentitud del mismo y la amplitud de la muestra, hacen que se necesite más de un día para saber el resultado. Estamos aún, en el momento de redactar estas líneas, sin saber quién va a ser Presidente en ese país tan influyente.

Pero hay dos cosas por las que no me arrepiento de haberme acostado esa noche tan tarde, y es comprobar lo parcial que es nuestra televisión, y, por otra, haber escuchado la opinión de una latinoamericana que votaba Trump, siendo emigrante y pobre.

Sobre lo primero, se veía que, según el sesgo ideológico de la emisora sintonizada, en cada momento quienes conducían el programa y quienes estaban de tertulianos no informaban de lo que iban sabiendo, sino que daban opiniones según su pensamiento y deseo. En estos acontecimientos en los que se producen muchos cambios en poco tiempo, se aprecian muy bien esos desencantos de opinión, esos enfados cuando no sale lo que desean que salga; como si la realidad no existiese y ellos no estuviesen allí para analizar esa realidad sorprendente Y ahí es dónde entra la opinión de una inmigrante, preguntada por una emisora a la que no le gusta Trump, y cuya periodista se quedó sin saber como despedirla. Preguntó por qué le votan a él, si es tan racista, amigo de los poderosos, y ha puesto un muro de separación entre México y USA. Y la chica le dijo, con mucha soltura: es que yo soy muy religiosa, y a quien veo que me defiende en eso es Trump. Lo mismo hubiera ocurrido si le hubiera preguntado a un cubano o un Venezolano de los que se han tenido que ir de su país, y escucha que Biden se llevará bien con Cuba. Se produce ahí, indudablemente, una contradicción, que es que, con un esquema sencillo como es el de la «lucha de clases» (único que aplican algunos al analizar las cosas), no entienden lo que pasa. Tenemos que abrir nuestro análisis a la consideración de otros factores que la gente normal tiene en cuenta si queremos conocer, de verdad, lo que pasa en las sociedades actuales. Y en España lo estamos viendo con VOX, grupo del que sólo se mira su afinidad con algún grupo fascista del pasado, pero nunca en lo que dicen y piensan. Creo que la izquierda más extrema, dejando de lado cosas como la religión, la familia, el sexo convencional y el patriotismo, está abandonando mucho campo que todavía interesa a la gente. Ideas y actitudes que aún consideran fundamentales. Eso es lo que ocurría con aquella señora que vota a Trump siendo pobre e inmigrante. Y aquí ocurre con esos habitante de barrios humildes que votan a VOX.

Alejo Lorén