El Bajo Aragón Histórico vive su segunda Semana Santa en pandemia con la convicción de que sacar bombos y tambores a la calle es un error y pone en peligro la salud de todos los vecinos. También podría afectar a la evolución de los casos en el territorio, donde llevamos semanas con positivos aislados y, ayer mismo, sólo había una persona ingresada en el Hospital de Alcañiz con covid-19.

Tocar en cuadrillas -aunque sea de seis personas en el exterior- incita a juntarse con otros grupos y, probablemente y sin poder evitarlo, esa hermandad se convierta en plazas llenas, estrechas calles abarrotadas, grandes almuerzos y largas jornadas de convivencia en casas y viviendas particulares. Los pueblos de la Ruta del Tambor y el Bombo no quieren protagonizar imágenes que transmitan todo lo contrario a la responsabilidad y el respeto por la salud y los demás. Los alcaldes – algunos con más contundencia que otros- llaman a no formar aglomeraciones en las que no se cumplan distancias de seguridad ni uso de mascarilla. Los más valientes prohíben el toque en las calles y hasta lo reducen a unas franjas horarias determinadas, siempre desde las terrazas.

Alcaldías, juntas locales, cofradías y coordinadoras son conscientes de la repercusión que ha alcanzando la Semana Santa bajoaragonesa en los últimos años- sobre todo desde que en 2018 el toque de los nueve municipios fue declarado Patrimonio Universal por la Unesco-, y de que la ejemplaridad ha de ser el sello si se quiere conservar la imagen de fiesta respetuosa, coordinada y cargada de simbolismo y tradición que impera hasta ahora.

En nuestro toque y nuestra Semana Santa confluyen culturalidad y religiosidad; juventud y veteranía; vecinos y visitantes. Los redobles de todos, sin excepción, se abrazan cada Semana Santa en los pueblos para mostrar al mundo entero una pasión muy difícil de explicar que no deja indiferente a nadie.
A lo largo de los últimos días, nuestros pueblos han comenzado a llenarse de visitantes y segundos residentes. Y es que este año, a diferencia del pasado y por fortuna, hay movilidad al menos en la Comunidad Autónoma. Se puede disfrutar de nuestro patrimonio y nuestra gastronomía y, para ello, las propuestas del sector turístico y hostelero del territorio son variadas, serias y cumplen escrupulosamente con las medidas sanitarias estipuladas. En este segundo año sin Semana Santa, la responsabilidad individual, por tanto, se presenta fundamental para no tener que lamentarnos dentro de dos semanas. En el Bajo Aragón no podemos permitirnos lo que ya ocurrió tras las celebraciones navideñas. Podemos salir, ir a bares y restaurantes, participar en visitas guiadas, pasear y hacer deporte. Eso sí, siempre con sentido común. Demostremos que hemos aprendido algo.

Editorial