Desde hace unos años, se fueron generando mediante propuestas, ciertas matrices de opinión que hoy parece van calando con mayor profundidad en la clase política. La descentralización institucional es una de ellas. Todavía muy liviano, el asunto ha saltado a la palestra, aunque respaldado por varios presidentes de todas las ideologías, ha sido Ximo Puig el portavoz de mayor poder de dicha petición.

Al observar por redes sociales y el mundo virtual, las reacciones ante tales propuestas, lo primero que uno siente es asco, no lo puedo explicar de otra manera, pero Internet se ha convertido en un espacio de opinión manejado en un porcentaje muy alto por fanáticos, donde bajo el anonimato cala un discurso de odio y amenazante tremendo, la serenidad y el debate razonado, han pasado a mejor vida, porque hasta una cuestión más técnica y política que ideológica, se lleva al fango, todo aderezado con acusaciones de fraude, conspiración, pederastia etc. Sé que suena grueso, pero es lo que uno lee, aunque sea para hablar de estos temas.

Aunque muchos simplifiquen y crean que todo se trata de un revanchismo contra Madrid y su presidenta, son propuestas de hace mucho tiempo. Puig no solo abogó por Valencia, también lo hizo por Vigo o Sevilla, se lo aplaudo.

El cambio de modelo económico de las últimas décadas ha dejado a muchos en la estocada, la desindustrialización ha castigado mucho a comunidades como Asturias, antaño uno de los motores industriales de España y que hoy ha perdido mucho peso. El País Vasco pese a lo traumático del proceso, supo reconvertirse con mayor tino, gracias también a la voluntad política de sus dirigentes que legislaron en ese sentido. España está hoy y pese al estado de las autonomías, más centralizada en muchos aspectos que nunca antes en su historia, los tres poderes del estado, todos los ministerios y casi todas las instituciones están en Madrid, lo cual supone que el estado en su faceta de agente económico ha primado un territorio sobre otros, de hecho, hasta se produce ese efecto mediante el cual los diputados, por ejemplo, en lugar de llevar su provincia al Congreso, más bien se centralizan.

No quiere decir todo esto que se deba inventar una institución para cada provincia. Quiere decir que se debe estudiar mediante un plan integral todo el tema, si sale un ministerio o institución de Madrid, darle otra utilidad ha dicho edificio, alquiler de oficinas, transformación en espacio cultural lo que sea, se debe hacer bien, algo poco plausible en la era política que padecemos, pero necesario y legítimo, esto no es igualitarismo es igualdad. España es un país que tuvo la ciudad más rica del mundo en Sevilla, la ciudad más importante en Barcelona, la población muchísimo más repartida y un cierto equilibrio entre provincias más parecido al federalismo alemán o estadounidense, que a nuestro modelo que curiosamente solo ha servido para alimentar a nacionalismos periféricos o centralismos casposos, cuando España somos todos. Me atrevo a decir que estas propuestas moderarían y desarmarían muchos argumentos de lo que buscan separar o de los que buscan imponer.

Víctor Puch. Sal en la herida