Son innumerables los libros, artículos y reflexiones que se han escrito o transmitido sobre la manera que tenemos de invertir nuestro dinero en los mercados financieros. Muchos de ellos tratan sobre las veces que repetimos el mismo error. Y es que el ser humano es hombre de costumbres, y parece que venimos programados para tropezar una y otra vez en las mismas piedras. Siempre es malo tropezar en cualquier ámbito de nuestras vidas. Esta mal hacerlo en algo sentimental o de salud, ya que hará que nunca lleguemos a sentirnos plenos. Pero hacerlo con nuestras finanzas, puede que sea incluso peor, ya que estamos hablado de nuestro futuro.
Una de las piedras más importantes que tenemos que quitarnos del camino, es la de tomar las decisiones de inversión desde un punto sentimental. Invertir a base de corazonadas, sin tener una planificación ni unos objetivos a cumplir, es tan peligroso, como jugarte tu dinero en un casino. Por ello, el tener un plan a cumplir financieramente, hace que los sentimientos queden a un lado, dando fuerza al verdadero aliado que tenemos, que no es otro que cumplir un objetivo. Ser constante en cumplir nuestros objetivos dentro de un gran plan, impedirá que una mala corazonada nos lastre económicamente.

Esta misma planificación y constancia en nuestro plan, evitará que otro sentimiento como es el del mercado, nos arrastre a realizar operaciones que no entraban en nuestra idea inicial. Los cambios de humor de los mercados, son el aliciente perfecto para que los inversores que son fieles a los movimientos en manada, ya sea al alza o a la baja, compren o vendan sin haberlo pensado previamente. No nos debemos dejar llevar por los comentarios que se vierten diariamente a través de los medios de comunicación.

Pero tener un objetivo y ser constante no termina de ser suficiente, ya que además debemos de ser capaces de evadirnos de los buenos resultados que nos esté generando nuestro plan. El peor enemigo de los planes financieros a medio largo plazo, es precisamente la consecución de los mismos. El hecho de que las últimas inversiones realizadas hayan sido exitosas, puede hacernos cometer errores muy costosos, que den al traste con gran parte de los beneficios obtenidos previamente. Este suceso genera una sensación de que estamos por encima de los mercados. Pero un mercado tan complicado y cambiante, debemos de ser capaces de no perder la cabeza ni en los pequeños éxitos, ni fracasos. Los buenos resultados los tendremos que tomar con absoluta prudencia y humildad.

Con todo lo anterior, si además usamos esa humildad para intentar enseñar a nuestros allegados a sortear las mismas piedras que nosotros nos encontramos, aparecerá un nuevo camino, que es el más gratificante de todos, el asesorar.

Raúl Cirugeda Conejos – Caja Rural de Teruerl