Vivimos en un lugar salpicado de espacios naturales e históricos que convierten a nuestra provincia en privilegiada en algunos aspectos. Uno de esos privilegios es la claridad de nuestro cielo, sin la contaminación lumínica de los lugares súper poblados, este síntoma de despoblación y en cierto grado de subdesarrollo es también un posible filón para atraer visitantes o simplemente para recrearnos. La resiliencia de la provincia se manifiesta con claridad en actividades como las del turismo de estrellas organizadas por el Monasterio del Olivar en Estercuel.

Se debe decir que cuentan con la ventaja de tener como Prior al padre Fernando, ingeniero y guía de las actividades que realizan, que explica con esmero y gran capacidad didáctica lo que se puede contemplar en las actividades. Como siempre hubo quien en un principio no vio con claridad esto del turismo de estrellas, ahora cada dos por tres se juntan en el Monasterio grandes grupos, incluso en fechas puntuales se copan todas las plazas y lo mejor es que la gente sale literalmente entusiasmada, con ganas de aprender más, valorando otra de las riquezas que tenemos en este ajetreado mundo que va tan deprisa, en Teruel tenemos un cielo envidiable al que mirar y del que aprender.

El padre Fernando que destila bonhomía y conocimientos por los cuatro costados, igual te puede hablar con precisión del Táchira venezolano que de la vía láctea. Cautiva con su manera de explicar y también de hacernos reflexionar pues como religioso que es, no da puntada sin hilo y sabe cómo inspirarar a que a todo le pongamos un matiz de espiritualidad, cosa muy importante en los tiempos donde prima la inmediatez y en la que la gente prefiere responder rápido que responder bien. Hasta algunos como yo, que ni bautizados estamos, agradecemos su manera de explicar las cosas, tengo claro que la Iglesia cumplirá mejor su función con más personas como él.

Y son estas actividades como digo solo un granito más en la montaña, un ejemplo de lo que antes citaba, resiliencia. ¿Qué podríamos hacer con unas infraestructuras un poco mejores? Es una pena tantas carreteras como las de Fonfría, Camarillas a Aliaga o la que vas de Jorcas a Gúdar y eso sí que escapa a la voluntad que podamos tener de crear actividades o generar buenas experiencias a los visitantes, no pedimos tanto. Estaba paseando por Peñarroyas un precioso barrio montalbino a cinco kilómetros de la capital histórica de las Cuencas Mineras y es el típico lugar que con un poquito más de publicidad y mejores accesos sería una primera espada del turismo de interior, pues la naturaleza le regaló paisajes únicos en los que cualquier pintor de medio pelo podría convertirse en una estrella inspirado en el rojo de sus montañas, el verde de sus pinares o los otoñales colores de las choperas que reposan sobre las riberas del Río Martín. No es tanto lo que reclamamos, pero como tal, como encabezo mi columna hoy, solo con un poquito más, haríamos maravillas.

Víctor Puch. Sal en la herida