La premeditación es «agravante de ciertos delitos por la cual la intención criminal es madurada durante tiempo. Implica la anterioridad de la intención y también la persistencia hasta la realización del acto». La alevosía es «la realización de un comportamiento delictivo, empleando medios apropiados para asegurar su ejecución, de forma que elimine las posibilidades de defensa de la víctima».

Pues bien, esa son las dos agravantes que percibo en el despliegue de centrales eólicas por ciertos lugares de Teruel (más de 1000 aerogeneradores) y la intención de hacerlo en lugares que, como el Matarraña o la zona de Ejulve-Molinos, ya han dejado bien clara su opinión en contra (La Comarca aprobó por unanimidad el rechazo a los parques eólicos) . Esta oposición no es contra la necesidad ineludible, dado el cambio climático y el abandono de combustibles fósiles, de energías limpias, ya sean eólicas o fotovoltaicas. Se oponen a los lugares escogidos por razones no del todo limpias ni transparentes. Y con una gestión de las empresas que tampoco es limpia y transparente.
Son grupos de inversores que sostienen las cinco empresas eléctricas españolas que ingresaron 48.000 millones de euros solo en 2018. España «disfruta» de la electricidad más cara de la Unión Europea y desde 2008 hasta hoy es también el país donde más ha subido de precio. Analizar nuestra factura de electricidad asombra e indigna. El coste del gasto es pequeño comparado con los impuestos que, además de un IVA abusivo (gracias a Rajoy y Zapatero), recoge dinero para potenciar energías renovables y una «compensación» desde 1995 por el cese gradual de energía nuclear. El sector eléctrico es un poderoso lobby en nuestro país, «sembrado» de consejeros bien pagados provenientes de la política y el gran capital.

La presencia de los parques eólicos no revierte apenas en los habitantes de la zona: ni puestos de trabajo, ni reducción de las tarifas. La repercusión en el territorio es de un 3,4%, (en Francia es de un 33%). ¿Cuál es la ganancia de la población? Nimia y en muchos casos negativa, por pérdida de valor añadido de los lugares en términos de turismo, agricultura, ganadería y paisaje.
Algunas de esas empresas evitan la publicidad de sus proyectos, tratando de saltarse pasos legales para su aprobación directa. En el caso de nuestra comarca, tratando de que olvidemos sus pretensiones. No debe ser así. Evitemos llenar de aerogeneradores nuestro bello «skyline».

Alberto Díaz Rueda – Independiente – Torre del Compte