El Gobierno de España creó ayer el primer órgano de coordinación con las autonomías para abordar el Reto Demográfico, un problema que afecta a todo el interior del país y al que se le dió cartera propia al crear el gobierno nacional pero del que poco se ha avanzado. La ministra Teresa Ribera, también de Transición Ecológica, tiene en nuestro territorio el mejor paradigma con el que iniciar los compromisos realizados por su equipo. La reconversión industrial de Andorra Sierra de Arcos, donde el plan de transición basado en la participación ciudadana no termina de descolapsarse, es buen ejemplo de lo que pueden tardar en materializarse el cumplimiento de estos compromisos. La reunión de ayer mostró de nuevo la necesidad de abordar la desigualdad entre las zonas rurales y urbanas, siempre bajo los preceptos sobre los que la ciudadanía debe disfrutar de los mismos los derechos y de los mismos servicios públicos con independencia del lugar de residencia.

Entre las cuestiones principales a solucionar se encuentran la digitalización, el fomento del empleo, especialmente entre los jóvenes y las mujeres, la creación de un Estatuto de Pequeños Municipios y la próxima aprobación de la Estrategia nacional frente al Reto Demográfico, que se prevé para finales de año. En todos estos puntos existen enormes necesidades que vienen reclamándose por las comunidades autónomas, principales garantes, junto con la administración provincial, comarcal en el caso de Aragón, y local, de que estos agravios no se produzcan. La principal reivindicación es muy sencilla y no fue puesta sobre la mesa ayer: la financiación. Partiendo de la base de una financiación autonómica que no prime la población y deje en desventaja a las comunidades con altos costes de servicios como la sanidad o la educación se puede empezar a avanzar en este reto. Si la forma de hacerlo, para evitar la amenaza de los territorios más poblados del país, es a través de esta Conferencia Sectorial, bienvenida sea, pero quizá es el momento de poner los pies en la tierra y pasar a la acción, más allá de mesas políticas que dilatan los procesos.

Editorial