Recién estrenado el 2019, comienzo la labor de realizar mi lista de propósitos. No es tarea fácil, ya que, se supone, una lista de propósitos es algo que vas a cumplir a lo largo de todo el año. ¿Pasar más tiempo con la familia? ¿Meterle más caña a los idiomas? ¿Ahorrar?

Miro a mi alrededor y no soy la única que escribe su lista de propósitos. Por ejemplo, durante esta primera semana (de normalidad) tras el parón navideño, he visto aumentar considerablemente el número de usuarios en mi gimnasio hasta tal punto de resultarme difícil encontrar una taquilla libre. «Año nuevo, vida nueva», deben de pensar muchos.

Muy relacionado con el propósito de llevar una vida más activa físicamente es el otro típico propósito: comenzar una dieta y perder esos kilitos de más. Las Navidades, al fin y al cabo, nos pesan… sobre todo en la conciencia. Turrones, carnes, salsas, mazapanes, asados, polvorones… Todos ellos formaban parte de unos menús más largos que los de una boda y además los platos, regados con un buen vino (o varios).

Y el tercer propósito más común es, por supuesto, dejar de fumar. ¿Cuántos lo dejarán realmente?

Los seres humanos tenemos ilusión cuando comenzamos un nuevo reto o una nueva rutina pero, a veces, con el tiempo, esa vela se va desinflando hasta perder fuelle y terminar apagándose. Pero, oye, de deseos está el mundo lleno y, además, una vida sin retos sería aburrida. Así que, ¡ánimo y a por ello!