Hace unos días que ha salido a la palestra la gestora que hemos constituido una serie de militantes del Partido Aragonés para asumir la responsabilidad de dirigir el rumbo político del partido en la provincia de Teruel. Dicha decisión viene motivada por la falta de respuesta por parte de la dirección del partido a la petición de constituir una nueva dirección orgánica en la provincia tras la dimisión del Comité Intercomarcal en noviembre del 19.

Creemos que casi un año después, en un escenario tan grave en el que estamos inmersos, el Partido Aragonés ha de estar preparado para lo que se creó, que no es ni más ni menos que dar respuesta a las necesidades de los aragoneses y defender sus intereses.

Nunca se ha planteado este movimiento como una maniobra de confrontación a la dirección del partido sino como un proceso de revitalización del PAR, un ejercicio de responsabilidad con la sociedad aragonesa y con nuestros militantes y simpatizantes para iniciar una renovación de ideas y de proyectos que recobren su confianza. En ningún momento se ha hablado de personas sino de proyecto, no se ha hablado de sillones sino de ideas y no se ha hablado de atacar sino de ilusionar.

No creo que nadie dude que el PAR necesita un cambio, es evidente que la sistemática pérdida de apoyos en las elecciones hará que pasemos de ser una herramienta a ser un zarrio, y en una tierra como esta que necesita más que ninguna el apoyo de los suyos, no tener una opción política aragonesista moderada que estabilice sus gobiernos y priorice las necesidades de Aragón, es un fracaso para todos.

No vamos a eludir responsabilidades en esto, somos los principales responsables de la desconexión con los aragoneses, pero si de verdad nos preocupa el futuro de esta tierra, no podemos quedarnos en casa lamiéndonos las heridas, no podemos esperar el fin con resignación sino que hemos de intentar llevar ante los aragoneses un proyecto político nuevo e ilusionante que sientan como propio, que sea garante de sus inquietudes, que defienda las reclamaciones de siempre , que plantee nuevas metas, que sea moderno y que garantice nuestro futuro.

Y todo esto ha de ser desde el respeto, porque mientras pensemos diferente en la forma pero no en el fondo, seguiremos formando parte de la misma familia y del mismo proyecto. Lo que no ayuda ni a tender puentes ni a llegar a acuerdos son las descalificaciones ni los insultos. En ocasiones, la moral y la decencia dependen del agujero de la rasera, y a estas alturas de la película ni pueden empezar a preocuparnos los estatutos ni creo que empiecen a cojear las mesas de tres patas.

Todo esto surje del amor incondicional de personas a esta tierra, como los buenos matrimonios, no como los de conveniencia en los que un cónyugue defiende a otro no por amor sino por su interés, pero de esto puede explicarles más el señor Lambán, que visto como le salieron sus amoríos políticos en un menage a trois, se ha puesto a mear fuera de tiesto y a defender al papá de la niña para poder seguir moviendo a su aire la batuta en su cuarteto de cuerda.

Antonio Pérez – PAR Alcorisa