La proclamación de Emma Buj como presidenta provincial del Partido Popular de Teruel abre una nueva etapa política en una provincia que necesita, por encima de cualquier sigla, cohesión, escucha y capacidad de acción. Teruel no es un territorio sencillo de gobernar ni de representar. Es una provincia extensa, dispersa, con más de doscientos treinta municipios y realidades muy distintas entre comarcas. Precisamente por eso, cualquier liderazgo provincial debe entender que la unidad se construye pueblo a pueblo.
El horizonte de las elecciones municipales de 2027 obligará a todos los partidos a mirar de frente a los ayuntamientos. Y ahí estará una de las claves del futuro inmediato. Los municipios turolenses no pueden ser solo piezas de un tablero electoral ni nombres en una lista de candidaturas. Son administraciones que sostienen servicios básicos, atienden problemas diarios, conservan patrimonio, gestionan infraestructuras limitadas y dan respuesta, muchas veces con pocos medios, a vecinos que no pueden esperar.
La provincia necesita un proyecto compartido que no enfrente a Teruel capital con las comarcas, ni al Bajo Aragón con el Jiloca, ni a las Cuencas Mineras con el Matarraña, el Maestrazgo o la Sierra de Albarracín. Cada territorio tiene demandas propias, pero todas nacen de una misma realidad: la dificultad de mantener población, servicios, empleo, comunicaciones dignas y oportunidades en igualdad de condiciones.
Por eso, el nuevo liderazgo provincial del PP —como el del resto de formaciones— debería medirse por su capacidad para dar visibilidad a esas demandas y trasladarlas a las instituciones con rigor. La política provincial debe traducirse en carreteras mejoradas, vivienda accesible, consultorios atendidos, transporte útil, conectividad real, suelo industrial preparado y ayudas que lleguen a quienes viven y emprenden en los pueblos.
Los alcaldes y concejales serán decisivos en 2027, pero ya lo son hoy. Son quienes conocen qué calle necesita una obra urgente, qué familia duda si quedarse, qué empresa necesita apoyo o qué servicio amenaza con desaparecer. Escucharlos no debería ser una estrategia de campaña, sino una obligación permanente. En una provincia como Teruel, la política útil empieza en los ayuntamientos.
Unir la provincia exige también abandonar la tentación del agravio permanente entre territorios. La capital necesita apoyo, pero también lo necesitan Alcañiz, Andorra, Calamocha, Valderrobres, Utrillas, Híjar, Calanda, Alcorisa y tantos municipios pequeños que rara vez ocupan titulares. La vertebración provincial consiste en garantizar que ninguna comarca se sienta invisible. La etapa que ahora comienza debe servir para elevar el tono del debate y concretar compromisos. Teruel necesita partidos fuertes, sí, pero sobre todo necesita instituciones responsables, capaces de cooperar aunque compitan en las urnas.
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