El anuncio del confinamiento perimetral de Andorra es hoy una realidad. Con el incremento de casos diarios y la preocupación de los sanitarios que trabajan en la zona de salud -sobre todo por las personas más vulnerables- era previsible la implantación de medidas más o menos drásticas en la localidad y pese a que Lambán descartó el miércoles que la Villa Minera siguiese los pasos de Ejea, el escenario cambió en menos de 24 horas con una docena de positivos más con respecto a la jornada anterior. Ya se superan los 80 casos positivos y cientos de personas permanecen confinadas en sus casas. También se rebasan los 800 casos por 100.000 habitantes, la misma cifra con la que también se confinó Ejea y que es muy superior a la media de la comunidad, que se sitúa en 273 casos por 100.000 habitantes. La transmisión es comunitaria y afecta a población de todas las edades. El 70% de los positivos son asintomáticos por lo que es esencial que las personas que están a la espera de resultados o que deben guardar cuarentena pese a que su PCR sea negativa cumplan con los protocolos. Las personas de edad más avanzada o con patologías son más vulnerables y un descuido puede hacer que un familiar cercano se contagie. La situación es grave en una localidad en la que este fin de semana hubiesen celebrado San Macario y que sin embargo, en vez de llenar las plazas, ven reducidos los aforos a la mitad y no pueden salir de su localidad salvo casos excepcionales. Por ello es necesario que en estos días que tendrían que ser de fiesta y jolgorio los andorranos tomen conciencia que de su responsabilidad individual está en juego el bienestar no solo de sus allegados sino de todos sus vecinos. Los confinamientos perimetrales de los que pueden hacer uso las comunidades son la herramienta más rápida para acorralar al covid pero también sorprende que se esté aplicando en ciudades medias como Ejea y Andorra y no se hiciera cuando el covid estaba en máximos en algunos barrios de Zaragoza. Entonces DGA descartó el confinamiento debido a que la capital es el «motor» económico de la comunidad, como lo son Andorra o Ejea para la Sierra de Arcos o las Cinco Villas. Especialmente sensible es la situación de la Villa Minera, donde el cierre de la Central Térmica a finales de junio, pese a estar calendado desde hace años, ha supuesto un varapalo para la economía de la localidad. Por ello es necesario que sus vecinos respeten las normas estos días y la curva del covid se revierta para no dar la estocada final a los sectores más afectados, la hostelería y los servicios.

Editorial