El plan de transición justa debería comenzar a trabajarse el próximo lunes 24 de febrero en Andorra con los colectivos implicados. La fecha, que el presidente del gobierno autonómico anunció el viernes, llega con un mes de retraso y con una enorme incertidumbre. Javier Lambán se vio forzado a avanzar la fecha de esta cita horas después de que Endesa desacoplase de la red eléctrica nacional la Central Térmica de Andorra, el jueves por la noche. El simbólico apagado, pese a que quede carbón para cinco días, se produce sin un solo avance en el ya manido plan de transición, del que solo se conoce un borrador bastante genérico y con un análisis protagonizado por vaguedades. Los diagnósticos son ya innumerables, falta la aplicación. Las entidades implicadas en el borrador del plan no sabían ayer nada de la reunión del día 24, ni habían sido citadas. El Ministerio de Transición no las ha convocado porque por ahora la reunión no es firme, ni oficial, y ni siquiera se sabe qué es lo que se va a tratar en la Villa Minera. En teoría se empezará a trabajar sobre las propuestas que los agentes sociales puedan plantear, pero muchas de ellas ya llevan más de un año sobre la mesa de la ministra sin que se haya dado un solo paso. Entre ellas, la elevación de aguas a Andorra, cuya segunda fase ya fue comprometida por Meritxel Batet en noviembre de 2018. La lista de inversiones planteadas por los ayuntamientos de Andorra o Ariño también es larga, el Gobierno la tiene desde hace un año, pero no se ha ejecutado ni una medida. Preocupa especialmente que en el borrador no incluyese ni a la asociación de empresarios de Andorra y Bajo Martín, o a los regantes de la cuenca del Guadalope, principales generadores de empleo en nuestras comarcas. El tiempo corre y resulta indignante que no se pase ya de los diagnósticos a los hechos creando una oficina técnica con personal cualificado que pueda empezar a gestionar la reindustrialización de la cuenca minera turolense uniendo propuestas, voluntades y financiación que afecte a todo nuestro territorio. Por ahora las únicas iniciativas firmes que hay sobre la mesa son las de empresas privadas como Forestalia (con su planta de pellet), Samca (a través de la planta de fertilizantes o la de gres de Alcorisa) o la propia Endesa, que por ahora basa toda su apuesta en las renovables. Los errores cometidos en el pasado deberían ser suficiente argumento para no tropezar con las mismas piedras en la gestión de la reindustrialización, pero el camino por ahora no está nada despejado.

Editorial