Aprender a saber ganar y saber perder es fundamental para el crecimiento personal y la inteligencia emocional. Saber ganar implica mantener la humildad y el respeto; saber perder significa gestionar la frustración, reconocer el esfuerzo propio y ajeno, y ver la derrota como una oportunidad para mejorar.

Hay que saber ganar y saber perder. Todos ganamos y perdemos en algún momento de la vida, es lo más natural, aunque debemos reconocer que perder no es fácil de aceptar porque en una contienda o competencia todos deseamos ganar. Cuando perdemos, cuesta reconocer que los resultados no son como esperábamos, y aún más cuando nos hemos preparado con esfuerzo.

Perder es inevitable algunas veces y representa una de las mayores fuentes de aprendizaje si se aplica correctamente.

El buen perdedor sabe aceptar la derrota y reconoce las virtudes de la persona que le ganó. La derrota no es un fracaso sino que nos enseña a trabajar más para la próxima vez. Perder es simplemente eso….perder. A la próxima, podemos ganar. Aprovecha la circunstancia para reinventarse, mejorar y superarse y no justifiques con excusas que te ayuden a explicar la derrota.

El buen ganador celebra su triunfo con respeto y no se cree superior a los demás, porque sabe que en algunos momentos se gana y en otros se pierde. No humilla a sus competidores, más bien los anima. Reconoce el trabajo de los que le ayudaron en la preparación y hace sentir ganador a todo el equipo.

Saber ganar y perder es un arte que requiere de humildad y elegancia. Se cuentan muchas vivencias sobre el reconocimiento de los ganadores y los perdedores. Yo puedo contar una lección de vida que me sucedió en el desarrollo de un curso de piragüismo con José María Esteban Celorrio (campeón olímpico y subcampeón del mundo) cuando me contaba que recibiendo las medallas, recordaba todos los sacrificios que había tenido que realizar para llegar al triunfo pero también pensaba en todos los que se habían sacrificado y no habían ganado. Eso lo piensa un campeón.

Esta forma de ser nos habla de personas ganadoras que lograron reconocer el potencial de su opositor y admiraron sus destrezas. Por lo tanto, uno tiene que saber ganar y saber perder, porque eso nos corresponde entrenar a nuestros hijos para enfrentarse a la vida.

El triunfo más grande que podemos vivir es sabernos personas apasionadas por algo que nos desafía. Porque al final de los días, lo que hace que una persona sea grande de verdad es que se mantuvo caminando tras el sueño que le desafiaba.

Para enseñar a ganar y a perder, la clave principal es dar el ejemplo. Los niños y jóvenes aprenden más de cómo reaccionan los adultos ante la frustración que de los discursos teóricos.

Algunas estrategias para enseñar puede ser las siguientes: En la enseñanza, no los dejes ganar siempre, felicita el esfuerzo más que el triunfo, cuéntales tus fallos para que vean que todos fallamos, crea la regla de felicitar al rival al finalizar, no destacar a nadie porque no gana uno solo sino el equipo, preguntar si lo han pasado bien y sobre todo no cambies las reglas por llantos o enfados porque son ellos los que deben recuperar sus habilidades vitales.

Si no sabes perder, difícilmente sabrás ganar.

José Gil. Cronista Alcañizano