La crisis sanitaria y económica generada por la pandemia del covid-19 nos ha traído hasta diciembre con la tercera ola de contagios en una situación estable pero muy alejada de los niveles de alerta que permitirían que volviésemos a la «normalidad». Tras casi nueve meses de sufrimiento, dolor y confinamientos, sabemos muy bien cuáles son las medidas necesarias a tomar para contener la pandemia y también lo extensos que son los períodos de control posteriores a los grandes brotes con transmisión comunitaria. Aragón lleva más de un mes confinado y la media de casos por 100.000 habitantes sigue en torno a los 180, según los últimos datos de DGA. Hoy las tres capitales de provincia salen de su confinamiento perimetral, pero no las provincias. De cara al puente de la Constitución se mantienen las restricciones de movilidad sobre todo para evitar llegar a las navidades con nuevos brotes que colapsen los centros hospitalarios. Si los compromisos del Gobierno se cumplen, estamos a un mes tan solo de que comience a suministrarse la vacuna. Una desescalada rápida para la que tenemos un antencedente claro en verano ocasionaría gravísimos confinamientos restrictivos, así como cifras de muertes que no debemos estar dispuestos a asumir. Asimismo, mantener la apertura paulatina de las restricciones con aforos limitados será clave para que las empresas locales puedan retomar el pulso de una economía que no vuelva a sufrir un cierre total dentro de un mes. Ejercer un consumo responsable estas semanas navideñas, planteándonos que todo nuestro gasto se ejerza en el comercio local; no realizar compras en Amazon cuando esos productos están en el territorio o que los eventos con amigos o empresas cancelados se sustituyan por comida para llevar… Un alto porcentaje de las empresas locales que han bajado o van a bajar la persiana lo harán de forma definitiva. Tratar de que sean las menos posibles, reforzando la labor de quienes emprenden el nuestros pueblos es más necesario hoy que nunca y también lo será en 2021. Hay que realizar un último esfuerzo para un diciembre diferente en el que decenas de miles de familias estarán en duelo. Si sabemos respetar las normas sanitarias y asumir nuestra responsabilidad con honestidad podremos vivir estos días con cierta calma. La experiencia acumulada que entraña el año que hemos padecido justifica que así lo hagamos, sin dejar de exigir, por supuesto, que toda restricción esté justificada y asociada a un respaldo real a los sectores sanitarios y económicos más dañados.

Editorial