El accidente mortal en Montalbán vuelve a evidenciar una realidad persistente, y es que la seguridad laboral sigue siendo un reto estructural también en el medio rural. Más allá de corregir fallos, urge acompañar el crecimiento del tejido empresarial rural con garantías.

Las pymes son el motor económico de nuestras comarcas. Su consolidación es clave para fijar población y generar oportunidades. Sin embargo, ese crecimiento debe ir acompañado de respaldo institucional, especialmente en materia de formación y cualificación del personal. Sin trabajadores preparados, la prevención se debilita y los riesgos aumentan.

La seguridad laboral no puede depender únicamente de la buena voluntad empresarial. Es imprescindible facilitar a las pequeñas empresas acceso a programas formativos adaptados, recursos técnicos y asesoramiento continuo. En territorios dispersos, esta tarea requiere una acción pública más cercana y sostenida.

Invertir en formación no solo reduce accidentes, sino que también mejora la competitividad y profesionaliza el tejido productivo. Lo ocurrido en Montalbán debe servir como punto de inflexión. Apostar por pymes fuertes también implica garantizar entornos de trabajo seguros. Crecer sin seguridad no es desarrollo y ahonda en la vulnerabilidad de nuestras pymes.