Querido Mundo Rural: Nunca había prestado demasiada atención a la paz que desprende tu silencio mañanero. Hoy me ha despertado un tímido rayo de sol al colarse por la ventana de mi habitación. La sensación de cosquilleo que provocaba la luz en mi rostro era muy agradable. Sin darme cuenta, mi mirada se ha desviado hacia la ventana, donde me he fijado en un gorrión regordete posado en el alféizar de piedra. El animal observaba el cielo y, con su piar, llamaba a sus compañeros. En tu silencio solo se escuchaba su delicado cantar. Sin darme cuenta, he empezado a sonreír y, poco después, el animal ha emprendido el vuelo. Me he quedado mirando fijamente el lugar que había ocupado el ave segundos antes y de una necesidad descomunal de ser tan libre como el gorrión, me ha inundado el deseo de salir a saludarte.

Las pocas nubes permitían el paso a una luz cálida que contrastaba con el entorno frío del mes de noviembre. Sin ser consciente de mis pasos, he llegado a un lugar solitario. He pensado que es triste que nadie venga a hacerte compañía, pero después he encontrado cierta belleza en tu soledad y en tu silencio, ya que sin ellos no serías el mismo.

Entre los árboles frutales, los pinos y la vegetación salvaje se ha abierto un camino de piedras redondas que crujían con cada una de mis pisadas. Siguiendo el cauce del río, he percibido un ligero tintineo y, al cerrar los ojos y prestar atención, he escuchado el sonido de un rebaño de ovejas. En ese instante, he sido consciente de que solo éramos las ovejas, tú y yo.

Ese silencio tranquilizador que desprendes es el que llena de oxígeno mis pulmones cuando están al mínimo. Cuando estoy a tu lado, lejos de los ruidos de la gran ciudad y solo escucho a los animales, los ruidos de los aperos de labranza o el leve murmuro de tus vecinos me siento en paz. Estoy tan agradecida de pertenecer al lugar que tú creaste porque, sin saberlo, eres quien me ayuda a recargar las baterías que acaban sin energía al enfrentarse al día a día en la ciudad. Hoy me voy, pero nos vemos la semana que viene para ayudarme a desconectar.

Con cariño, Emma.

Emma Falcón. Cartas al mundo rural