Calzarse las zapatillas limpias y salir como un pincel sabiendo que no durarán así. Dejarse llevar por el río festivo gracias al baile con la charanga. Agarrarse por la cintura con medio pueblo y hacer la conga en la plaza. Ensuciarse en el chupinazo hasta más no poder. Mojarse, cantar, exaltar la amistad, el amor y la euforia. Desgañitarse. Reír. Disfrutar como niños. O serlo. Regresar a casa agotado y construir momentos con la familia reunida. Gozar con el pueblo lleno, los vecinos en los balcones y la jarana a todas horas. Olvidarse de todo, sin estrés, sin presiones, sin aviones, ni barcos, ni sombrillas de playa. Aplaudir a la maja, al majo y a la majica. O serlo. Disfrazarse y preparar la carroza. Bailar un pasodoble con tus tíos, un bals con los abuelos y una ranchera con los primos cuartos. Organizar la movida para la peña. Esperar al espectáculo infantil. Dejar atrás el calorazo con unos refrescantes vasos de litro en el local, con hielo para el afortunado que lo encuentre. Perder las horas en la discomóvil. Desayunar huevos fritos con jamón. Enamorarse, o reenamorarse, para siempre o fugazmente. Subir en romería, o con diana floreada. Sobrevivir a ello, y dejar espacio a los recuerdos de quienes no están. Mirar al cielo y lanzarles un beso de agradecimiento. Escuchar el festival de jotas. Emocionarse en silencio, hasta la traca final.

Sería un verano eufóricamente normal si no tuviéramos que revisar la hemeroteca de 2019 para organizarnos. Desempolvar papeles, emails y trámites para la contratación de eventos en las comisiones y los ayuntamientos; hasta quitar el polvo acumulado desde hace tres años en las peñas. Afortunados aquellos que no han cambiado la talla y pueden encontrar muy en el fondo del armario el atuendo de peñista. Podríamos pensar que la normalidad que canta Ixo Rai vuelve, ‘Como todos los meses de agosto’. Pero no es igual, para nadie lo es y está en todos nuestros pensamientos al menos una vez al día. «Al fin» volvemos.

Uno no es consciente de lo que tiene hasta que lo pierde. Y las fiestas mayores llevan tres años sin sonar todas a la vez con su fuerza habitual en nuestros pueblos. Tanto es así que regresan hasta los propios Ixo Rai. La banda de Benasque se reencuentra en su gira veraniega, quizá la última, tras más de dos décadas rondando, con parada en pueblos como Alcañiz. En directo o en diferido sonarán en toda plaza, eso está claro. Y cuando les cantemos sabremos que ha habido dos agostos en blanco que nos deberían haber hecho aprender a vivir intensamente cada pequeño detalle.

Y llenaremos las portadas con vuestras sonrisas, como la de hoy de Antonio Sevil, concejal de Samper de Calanda, con el cohetazo. Y pintaremos alcaldes, comisiones, pregoneros, coronas, harina, lentejuelas, pirotecnia, confeti, espuma, concursos, comidas populares, orquestas, cabezudos, trompetas, juventud, infancia, madurez y sabiduría popular. Y serán las crónicas de un regreso que sabemos más valioso por haberlo perdido, y en el que lo importante es poder estar juntos tocándonos y cantándonos, al fin, sin miedo. 

Eva Defior. Sexto Sentido