Son días de incertidumbre con respecto al futuro. Muchas las declaraciones de los políticos de turno y numerosas también las promesas incumplidas que rebosan cualquier cajón de las cuentas pendientes, pero muy pocas las toneladas de carbón en nuestra Central Térmica. De hecho están ahí de reserva, por si hicieran falta, pero el fin ya está aquí por obra y gracia de la señora Ribera.

Estos días se ha hablado mucho de la rendición obligada de la minería. Se llegan a comentar los beneficios de esa reconversión para unas zonas en las que, en la actualidad, se ha pasado de hablar del trabajo al paro, de la ilusión a la decepción, y de una visión de futuro a resignarse con el presente que les está tocando vivir muy a su pesar.

Son preocupantes todas las decisiones adoptadas desde Madrid o Bruselas, mientras el Gobierno de Aragón mira para otro lado o se conforma acatando las medidas de una ministra que hace gala de su ecologismo desde la moqueta de su despacho. Bien cómoda y permaneciendo impasible ante las consecuencias de sus decisiones, que van a llevar al paro a muchos habitantes de nuestra provincia.

Ribera ha dado una estocada muy dañina al medio rural turolense. Donde las oportunidades en muchas ocasiones son escasas, están intentando maquillar la realidad a golpe de titular de prensa, sin pensar en que eso son solamente palabras. Y lo que necesitan nuestros pueblos son medidas, infraestructuras, empleo y perspectivas de futuro para las gentes que queremos vivir aquí a pesar de que en muchas ocasiones se legisle y se tomen decisiones en contra de ese propósito lícito y también complicado.

Ellos hablan de transición justa y yo opino que se trata de una rendición obligada. Esa diferencia conceptual viene determinada por la ausencia notable de medidas que puedan hacerme cambiar de opinión. Actuaciones como el apoyo real a los regadíos, trabajar en desarrollar una calidad de vida y condiciones parejas al de una gran ciudad como se puede alcanzar con la puesta en marcha de un centro adscrito de la Universidad a Distancia, fomentar el empleo femenino, disponer de unas comunicaciones terrestres y digitales acordes al siglo XXI… En definitiva, creer en las zonas rurales como una forma de vida y no como un estorbo para las administraciones.

José Miguel Celma – PP Torrecilla de Alcañiz