Uno más de los muchos aragoneses que viven en Cataluña, me he esforzado por comprender esta tierra. Y he aprendido que la mejor lección sobre Barcelona está en el Quijote. Don Quijote alaba a Barcelona con estas palabras: archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única.

La ciudad bendecida con tantos dones es en la que Don Quijote encontró la derrota a manos del Caballero de la Blanca Luna, que no era otro que el Bachiller Sansón Carrasco. Quiso Cervantes elegir Barcelona para que la ciudad a la que tanto elogió fuera testigo de las tristes, las dolientes, las desmayadas palabras del vencido caballero.

Pero Alonso Quijano, El Bueno, recuperada la cordura, reconoce que lo dicho y lo vivido hasta la derrota en las playas de Barcelona eran fruto de su locura, y vuelve a su casa a morir en paz. Su amigo Sancho le suplica que no se muera, «porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más. La despedida de Don Quijote es la de cada uno de los que hemos corrido mundo en busca de nuestros sueños: «Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño».

Mi época de Barcelona empezó el 1 de noviembre de 1976. Pasé mi primera noche en el Hotel Tres Torres en la calle Calatrava. Me incorporé a mi nueva empresa el día 2, y al regreso por la tarde encontré la primera muestra de las amistades verdaderas de las que he disfrutado en Barcelona hasta hoy. Mi gran amigo José Parés me llamó para decirme: Antonio, no vamos a consentir que vivas solo en un hotel. Hasta que tengas tu casa a punto, te vienes a vivir con nosotros. Así que prepara tu maleta que paso a recogerte. Esa amistad fue una solida columna de apoyo que me ha acompañado siempre. Desgraciadamente José ya no está con nosotros,

Todas mis esperanzas de futuro empezaban así con una amistad tan especial. No es de extrañar que yo viera lleno el nido que deseábamos crear. Nuestras dos hijas mayores empezaron el Segundo Trimestre en el Colegio de la Enseñanza en la calle Aragón. Ya nos habíamos instalado en el Pasaje de la Merced. Así que con trabajo, casa, colegio y amigos nos parecía a mi mujer y a mi que teníamos el «viento en popa» y que seríamos afortunados en la Barcelona cervantina. «En los nidos de antaño había belleza, amor y esperanza». ¿Qué podemos decir de los nidos de hogaño?

La vida desde el 76 hasta hoy no ha sido dulce para España. Ha sido muy difícil. Y cada poco tiempo nos hemos enfrentado a sucesos negativos: crisis económicas, golpes de estado, el terrorismo vasco, etc. A pesar de todas las dificultades se han conseguido cosas impensables, que hemos vivido con esperanza y con deseos de concordia. Algunas etapas han sido brillantes y llenas de optimismo. Desde 1986, cuando el COI eligió Barcelona para los Juegos Olímpicos del 92, Barcelona conoció un clima ciudadano de gran optimismo y de agradecimiento colectivo por disfrutar, como nunca antes, de la atención y del cariño de todos los españoles. Barcelona paso a ser la gran representación de España en el mundo. Como por aquí siempre hay nubes, ya había voces insultantes que no aceptaban que el primer AVE se hubiera llevado a Sevilla.

¿Qué se rompió despues del 92 y cuando? ¿Quién tiene respuestas? En mi opinion los buenos tiempos ya estaban acabados en 2006. La revision del Estatuto de Autonomia de Cataluña fue peor que un mal parto. Y asi llegamos al 23 de Octubre de 2017 cuando el Parlamento y el Presidente de la Generalitat aprobaron una Declaracion Unilateral de Independencia y proclamaron la Republica Catalana. Mi nido de belleza, amor y esperanza había sido destruido.

Hoy me siento profundamente decepcionado y me parece imposible que pueda recuperar lo perdido. Solo mi familia y los amigos de toda una vida, alegran aquí mis días. La edad y la realidad me piden el regreso a la tierra natal. Quizás, como Ulises, si al final la vida me concede el camino de vuelta, me temo que no será para mucho tiempo, y que mi salud me llevará a navegar otros mares.

Antonio Germán. Ingeniero y empresario