La consejera de Sanidad, Sira Repollés, reconoció ayer ser «optimista por naturaleza» y ese optimismo lo trasladó en su presentación del proyecto del nuevo Hospital y la licitación por tercera vez de la obra. Hizo gala de que es bajoaragonesa y que conoce bien las deficiencias sanitarias del territorio como recordó varias veces en los actos que presidió. Ahora faltará por ver si los buenos plazos que anunció ayer se materializan. Ojalá así sea porque será positivo para un territorio que lleva muchos años demandando un Hospital acorde al momento actual, tanto en materia de prestaciones sanitarias como estructurales. El problema es que el Bajo Aragón Histórico suma muchos gobiernos escuchando promesas de todos los colores que finalmente no se cumplen, por lo que todo lo relacionado con el Hospital se pone muy en duda. En estos años no se ha cumplido ni uno sólo de los plazos anunciados por unos y por otros. Es más, cuando todos los bajoaragoneses veían como no comenzaban los trabajos meses después de la colocación de la primera piedra-que coincidió con las primarias socialistas- o cuando tiempo después se denunciaba que no quedaba prácticamente ningún trabajador porque la UTE OHL-Dragados había paralizado la obra, el Gobierno de Aragón estuvo manteniendo hasta el último momento que la construcción podría terminar a tiempo. Ahora la nueva fecha que se ha anunciado, que coincidiría con los próximos comicios autonómicos, supondrá el fin de los trabajos pero no la puesta en marcha del Hospital. Quedará entonces su equipamiento y el traslado del material, un trabajo muy costoso. Por lo tanto, también habrá que demandar celeridad para que el territorio cuente cuanto antes con servicios tan demandados como una UCI o habitaciones individuales.

Ayer ya no hubo mayor concreción ni con el número de habitaciones individuales ni con la puesta en marcha del centro, por lo que habrá que estar vigilantes para que haya premura y también dotaciones acordes con los nuevos tiempos. La adjudicación ha de realizarse en tiempo y forma; y esperamos que la fórmula de la licitación por lotes, que tan bien se vende en Zaragoza, sea efectiva y las obras se ejecuten de forma ágil y sin malas maniobras por parte de las adjudicatarias.

Editorial