Esta semana la lluvia ha obligado a anular la mayoría de los actos prenavideños organizados por los ayuntamientos y comerciantes locales de nuestro territorio. Se posponen así unas citas fundamentales para dar visibilidad a las empresas de proximidad del medio rural, cuya facturación de diciembre decide en muchos casos buena parte de su supervivencia. Este puente de la Constitución era tradicionalmente la fecha de arranque de la campaña de compras que se ha adelantado, no obstante, de la mano de iniciativas importadas como el Black Friday. Un repaso a las acciones de las asociaciones de comerciantes de nuestro territorio da buena cuenta de que tenemos un comercio local vivo y con muchas ganas de seguir adelante. Es muy urgente que nuestras instituciones realicen fuertes campañas de respaldo para que nuestras empresas locales puedan competir en un mercado global marcado por prácticas muy agresivas, abusivas y dañinas con la sostenibilidad. Se debe establecer una mesa de trabajo en la que cada sector plantee sus necesidades, que posiblemente se resolverían con buena voluntad y no excesivos recursos públicos si los comparamos con otro tipo de despilfarros.

La compulsividad ligada a los actos de consumo hace muy difícil que el consumidor sea consciente de la gravedad de la situación. El pequeño comercio carece de las herramientas y la financiación suficiente para competir a este nivel. Debemos ser muy conscientes de que cuando pagamos por un producto cerca de casa implica unos costes mayores por cuestiones tan básicas como el transporte, la mano de obra o la materia prima. Cuando compramos cerca de casa pagamos por los productos pero también sufragamos el sostenimiento de nuestros habitantes. Las iniciativas de sensibilización en este sentido brillan por su ausencia y solo las acciones puntuales de nuestra modestas asociaciones empresariales dinamizan estos días.
Cada uno de nosotros vota cada vez que consume o compra. Votamos a favor o en contra de nuestro entorno, nuestros comercios y pueblos. No podemos eximirnos de esta realidad ni sentirnos legitimados para denunciar los agravios hacia nuestro territorio cuando no somos los primeros en ejercer con responsabilidad y compromiso nuestra capacidad de contribución, que no es ni mucho menos pequeña. Consumir en conciencia cuesta esfuerzo, mucho más que un click, pero la recompensa es tremenda. Debemos estar conectados y unidos. Estas navidades, pensemos y compremos a favor del territorio.

Editorial