Quince minutos bastaron para arruinar meses de trabajo. La tormenta de granizo que descargó sobre Calanda ha dejado cientos de hectáreas de almendros, olivos y melocotoneros gravemente afectadas, explotaciones con pérdidas totales y una factura económica que podría alcanzar los cinco millones de euros. Detrás de estas cifras hay 130 familias vinculadas únicamente a la cooperativa La Calandina, además de muchos otros agricultores que afrontan ahora una campaña prácticamente perdida.

El granizo ha sido el golpe más visible, pero no el único problema. La tormenta ha caído sobre un sector ya debilitado por los bajos precios, los elevados costes de producción y unas altas temperaturas que han adelantado la maduración y reducido el calibre de la fruta. La piedra no ha creado la crisis del campo calandino: la ha agravado y la ha dejado al descubierto. Resulta inadmisible que embolsar un kilo de melocotón cueste unos 25 céntimos y que la fruta dañada pueda pagarse para zumo a ocho céntimos, o incluso menos. Trabajar para perder dinero no puede considerarse una consecuencia normal del mercado. Es la demostración de que algo falla en la cadena alimentaria.

Las organizaciones agrarias llevan años reclamando transparencia. Deben conocerse los costes y márgenes reales desde el campo hasta el supermercado, y debe garantizarse que ninguna operación comercial se realice por debajo de los costes de producción. Sin controles efectivos y sanciones, las normas corren el riesgo de convertirse en papel mojado. Ahora es imprescindible que las peritaciones sean rápidas y rigurosas y que las indemnizaciones lleguen cuanto antes. Los gastos de tratamientos, maquinaria, préstamos y mantenimiento no desaparecen con la cosecha. También las administraciones deben coordinar ayudas directas, beneficios fiscales y líneas de financiación adaptadas a la gravedad de los daños.

La pérdida afecta a los agricultores y repercute en cooperativas, almacenes y transportistas, comercios y trabajadores temporales. Cuando el campo pierde una campaña, toda la economía local se resiente. Es parte esencial de nuestra identidad alrededor del melocotón. La Denominación de Origen es empleo, paisaje, cultura y futuro. La tormenta duró quince minutos, pero sus consecuencias pueden prolongarse durante años. La respuesta debe estar a la altura.

Editorial