En un mundo cada vez más digitalizado, son muchos los pueblos que todavía se enfrentan a problemas de conexión. Una de las últimas denuncias se ha realizado desde Montoro de Mezquita, donde llevan tres años esperando a una fibra óptica que no funciona a pesar de estar perfectamente instalada.

Resulta difícil justificar cómo se puede llegar a una situación como esta. En 2023 se realizó una gran inversión económica para que el tendido y las cajas de conexión fueran instaladas, pero las operadoras jamás han llegado a dar de alta el servicio. Como consecuencia, son muchos los vecinos que por iniciativa propia han tenido que encontrar alternativas para disfrutar de una conexión acorde a los tiempos que vivimos. Han conseguido, además, más de 1.100 firmas en una petición de Change.org.

Y no es el único pueblo que sufre este tipo de problemas. En Luco de Bordón también se encuentran a la espera de la activación de la fibra óptica, en su caso desde hace un año. Y en otros como Cuevas de Cañart, por ejemplo, viven su día a día sin cobertura móvil.

Es curioso cómo aun así se intenta vender un discurso en el que se apuesta por el regreso a los pueblos a través del teletrabajo. Es algo que no será posible hasta que todos los municipios rurales, incluso los más pequeños, vivan en igualdad de condiciones. Porque la brecha digital no puede seguir creciendo, y los hechos deben concordar con el relato.

Editorial